miércoles, 13 de julio de 2016

CENTENARIO DEL PADRE JULIAN OCAÑA PEÑA

CENTENARIO DEL PADRE JULIAN OCAÑA PEÑA


Apuntes Biográficos
Nace el 17 de agosto de 1914, en la calle que la expansión urbana de Tarancón del siglo XVIII denominó como Nueva ahora dedicada a su ilustre hijo Padre Ocaña.
Cursó la primera enseñanza con un maestro sin titulación, el tío Pedro, conocido como “El cojo de la casilla”, por haberle amputado una pierna el tren y trabajar de vigilante en una casilla del ferrocarril, abuelo de Francisco López Antona.
En el Tarancón de la época la enseñanza primaria oficial convivía con personas particulares dedicadas a la docencia sin tener titulación, entre las que se hicieron célebres Pedro Antona “el cojo de la casilla” y “el manco” Constantino Pulgar.
Su pedagogía consistía en trabajar machaconamente las materias instrumentales (lectura, escritura y cálculo), de lo que nos da buena cuenta el padre Ocaña, cuando el 28 de enero de 1926 se incorporó al seminario salesiano y obtuvo el primer premio de lectura en su clase. Don José Ríus Zunón, que más tarde sería Inspector de Enseñanza Primaria hablo en tono elogioso de aquellas escuelas de maestros sin titulación, entre los que destaca al Cojo de la casilla.
Su interés por la religiosidad comenzó como monaguillo en el convento de Franciscanos Capuchinos, que antes de la guerra civil era un tiempo filial de la parroquia y después de la guerra fue cedido a los Franciscanos Conventuales. En el convento había una imagen de María Auxiliadora, especial vocación mariana de la congregación salesiano, de cuyo culto se encargaba doña Juliana Domínguez.
Cuando en 1924 se inauguró el Hospital de Santa Emilia, donación del doctor Lozano, bendecida por el Obispo Laplana y Guía, él estuvo presente en la ceremonia y los sacerdotes de la parroquia le encargaron que fuera acólito de dicho hospital, que contaba con capellán propio y estaba cerca de su domicilio.
Un buen día, acabada la misa del capellán, se presentaron en el hospital cuatro sacerdotes salesianos buscando la posibilidad de decir su misa diaria; les dieron permiso y el monaguillo Julián se prestó a ayudar en las cuatro misas seguidas, pues todavía no se había establecido la concelebración.
La idea de los salesianos era ponderar las posibilidades de establecerse en Riánsares. Es muy probable que la distancia entre el pueblo y el santuario les hiciera desistir de su intento, pues en la época era un problema, tanto para establecer un noviciado como para un centro de formación profesional. La orden salesiana tardaría unos cuarenta años en volver a Cuenca, con un colegio de enseñanza media, cuyas instalaciones ocupa hoy día la Universidad de Castilla La Mancha.
En aquellos instantes sintió el aprecio de los salesianos, especialmente de don Alejandro Baltaini, que le animó para que se fuera a hacer bachillerato al colegio de la orden en Carabanchel, al que se incorporó el 28 de enero de 1926 y al año siguiente, con un grupo de alumnos prevocacionales fue enviada al noviciado de Astudillo (Palencia), donde permaneció hasta el verano de 1927 que se trasladó al nuevo aspirantado del Paseo de Extremadura. Terminado este ciclo, el 4 de Octubre de 1930 pasa al noviciado de Mohernando (Guadalajara).
En Mohernando le sorprende la proclamación de la República, el 14 de abril de 1931, y la subsiguiente quema de iglesias y conventos. Los superiores se plantean dispensar a los novicios para evitarles peligros. Su padre, Francisco Ocaña, marchó rápidamente a Mohernando para comprobar la situación de su hijo y, de acuerdo con los salesianos, decidió hacerse cargo de cuatro conquenses y algunos madrileños para reintegrarlos a sus domicilios.
Al novicio Julián Ocaña se plantea abandonar o seguir los estudios salesianos. Si decide seguir debe reincorporarse rápidamente al noviciado, para no perder el curso y tener que repetir. Su madre, temerosa, le aconseja quedarse en casa, su padre se inclina porque sea el mismo quien decida, argumentando que “nunca pasará más de lo que Dios permita” decide volver a Mohernando.
El 12 de octubre de 1931 hace su primera profesión, cuando el Prefecto General ya había preparado una casa en Bélgica, por si la orden era dispersada o expulsada, como ya había ocurrido con los jesuitas.
Durante el curso 1930-31 prepara el noviciado y en el siguiente profesora en la orden salesiana realizando los estudios de Magisterio y Filosofía, incluidas tres años de prácticas en los colegios salesianos de La Coruña, Madrid y Salamanca.
Al empezar los estudios de teología explota la Guerra Civil y es asaltado el seminario de Carabanchel, en el momento en que él estaba impartiendo clase de música a los novicios. Detenido con todos sus compañeros de estudios y profesores se vio ante un pelotón de ejecución hasta que uno de los mandos gritó que no dispararán porque había que interrogarlos sobre la sublevación militar. Tras varios días detenidos un teniente Guardias de Asalto, sorteando el peligroso camino hacia Madrid, consiguió llevarlos a la Dirección General de Seguridad donde la misericordia de alguno de sus responsables los dejó en libertad para que buscaran refugio donde pudieran. Él logró llegar a casa de unos tíos suyos, en Madrid, allí estuvo varios días escondido hasta que llegó a rescatarlo su cuñado Francisco López Antona, con documentación preparada al efecto para que no fuera detenido en el viaje por ferrocarril a Tarancón.
En su libro de poemas “Como el Agua (Tarancón, 1991) hace una ofrenda a sus compañeros mártires que profesaron en la orden con él, el día 12 de octubre de 1931: “Segaron vuestras vidas en la flor de la vida,/ arrasaron con odio, un camino de amor./ El martirio fue sólo una puerta, hecha herida,/ por la que caminasteis a una vida mejor”.
Llegada a su pueblo se incorporó a la imprenta familiar que regentaba su cuñado Francisco López Antona, la histórica “imprenta Antona", hace pocos años desaparecida emblema de la tradición tipográfica de Tarancón.
En la imprenta aprendió el oficio de tipógrafo, se afilió a la correspondiente sección del sindicato de UGT, como todos los tipógrafos de Tarancón, y la secretaria del partido Comunista le facilitó, sin pedirlo, un carnet del partido, que en aquellos momentos era el mejor aval para circular libremente y sin peligro.
Movilizado con su quinta, en el año 37, se incorporó al ejército republicano en el servicio de transmisiones de la 16 División que luchaba en los estertores de la batalla del Jarama. En sus ratos libres se dedicaba a dar clase a los soldados analfabetos, lo que le valió ser destinado a las “Milicias Culturales”, como maestro auxiliar del ejército republicano.
Sucesivos traslados de su división lo llevaron a la batalla del Ebro y la postrera huida hasta la frontera francesa, que se negó a cruzar, siendo hecho prisionero por la división falangista “Flecha Azules”. Tras un periodo de instrucción lo destinaron al regimiento de caballería “Farnesio”, luego al “San Quintín” y finalmente al cuerpo castrense, aunque todavía no era presbítero, del hospital de sangre de Salamanca, donde tuvo muy poco trabajo ya que la mayoría de los ocupantes eran moros. Por ello decide dedicarse a dar clase en el colegio salesiano de María Auxiliadora.
Terminada la guerra civil finaliza sus estudios de teología y se ordena de presbítero el día 30 de mayo de 1942, celebrando su primera misa en Tarancón el 3 de junio del mismo año.
Tras una intensa vida de trabajo religioso y educativo, como se verá más adelante, en 1993 contrae una grave enfermedad de la que una breve recuperación le permitió volver a Tarancón y visitar Riánsares en 1994.
El 26 de noviembre de 1994 entregó su alma a Dios después de prestar un ejemplar servicio a la iglesia, a la educación, a la formación profesional y a la sociedad.


Educador y salesiano
Ordenado sacerdote es nombrado administrador del seminario de Astudillo y al año siguiente director del mismo establecimiento, cargo que compatibilizó con el de capellán de las Clarisas, Hijas de la Caridad y de la Adoración Nocturna, así como la de consiliario de la Asociación de Antiguos Alumnos.
Tres años más tarde es nombrado director del colegio salesiano de enseñanza media “María Auxiliadora”, en Salamanca, Delegado de la Federación de Amigos de la Enseñanza (FAE) por ese distrito universitario y miembro de la Sociedad Española de Pedagogía, del Consejo Superior de Investigaciones Científicas.
En el año 1953 es trasladado a Madrid como rector de la Institución Sindical “Virgen de la Paloma”, que los sindicatos del régimen habían confiado a la orden salesiana por su tradición prestigio en la Formación Profesional. Permanece seis años en el cargo consiguiendo hacer del centro el más acreditado manantial de profesionales, en las distintas ramas laborales, donde la naciente industrialización española buscaba especialistas, aunque no hubieran terminado el ciclo formativo asignado a la profesión. El padre Ocaña era conocido en todo el ámbito empresarial y educativo, al mismo tiempo que gozaba del afecto de los miles de alumnos que frecuentaban las aulas de “La Paloma” y era estimado por el competente profesorado. Con la Logse el centro fue reconvertido en “Instituto de Educación Secundaria Virgen de la Paloma”.
La Institución Sindical Virgen de la Paloma no sólo fue un centro modélico en la Formación Profesional, también fue una referencia obligada en el nacimiento y desarrollo de la Psicología escolar y laboral, con el equipo que dirigía el doctor Secadas, que elaboró gran cantidad de material psicotécnico, introdujo matemáticas avanzadas en psicología y realizó numerosos estudios en el campo de la orientación de estudios y profesiones.
En el año 1959, al amparo de la Ley de Formación Profesional Industrial de 1955, la jerarquía eclesiástica toma el acuerdo de crear el Secretariado Nacional de Formación Profesional de la Iglesia, ya que son varios los institutos religiosos dedicados a este sector educativo, en el que la iglesia había sido precursora. Para la dirección del nuevo organismo eligen a don Julián Ocaña Peña, tanto por el mayor peso de su orden en este tipo de formación como por el indiscutible prestigio del rector del ”Virgen de la Paloma” y la cantidad y calidad de las enseñanzas que allí se impartían.
Cuando vio que la edad hacía mella en su capacidad de trabajo pidió el relevo en la dirección del Secretariado Nacional de Formación Profesional, aunque no pudo evadirse del campo al que estaba adscrito, pues sin transición cronológica fue nombrado Inspector General de Formación Profesional de la Iglesia, de la Comisión Episcopal de Enseñanza y Catequesis.
Por su condición de director de “La Paloma” fue designado miembro del Comité Nacional de los Concursos de Formación Profesional y Artesana, que iniciaron su andadura en el año 1950. Hasta 1975 se habían convocado veintidós concursos, diez de ellos en España, siete de los cuales en la Institución Sindical Virgen de la Paloma. En todos estos certámenes internacionales participó como observador español, viajando a Alemania, Bélgica, Reino Unido, Irlanda, Italia, Japón, Portugal y Suiza. En virtud del mencionado cargo asistió a Muestras Didácticas, Coloquios y Seminarios  nacionales e internacionales de Formación Profesional.
En el año 1967 fue invitado al Congreso Interamericano de Educación Católica celebrado en Sal Salvador, circunstancia que aprovechó el Presidente de dicha República para pedirle opinión sobre la formación Profesional en la Escuela Superior del Ejército y las posibilidades de ampliación de las Escuelas Profesionales en la república hermana.
El mismo año 1958 es nombrado Consejero Nacional de Educación y dentro del Consejo, Secretario de la sección cuarta, dedicada a la Formación Profesional y Técnica, Asuntos Internacionales y Enseñanza Artística, cargo en el que permanecerá hasta 1975.
Desde 1968 coincidió en el Consejo con don Eugenio López y López, que siendo gobernador civil de Cuenca fue nombrado Director General de Enseñanza Primaria y tenía lazos familiares en Tarancón. Las circunstancias económicas de la época hacían difícil la creación de institutos de Enseñanza Media, que Tarancón había perdido en el año 1936. Desde el Consejo Nacional de Educación ambos estudiaron la forma de dar a Tarancón y comarca el deseado instituto, salvando los posibles obstáculos que se podían a presentar.  La solución ideada fue crear un Instituto Laboral, que impartiría esta rama de bachillerato, para luego transformarlo en instituto general de enseñanza media. Como recordarán los primeros alumnos matriculados en el primitivo centro, ahora “CEIP Gloria Fuertes”, su primer nombre fue “Instituto Laboral Francisco Ruiz Jarabo” y poseía una nave adosada, todavía perceptible exteriormente para la instalación de talleres de formación profesional.
En los Planes de Desarrollo, que inició el ministro López Rodó en la década de 1960, formó parte de las comisiones de Enseñanza Profesional y Técnica, Comisión Nacional de Promoción Educativa, Junta Central de Formación Profesional, Patronato de Igualdad de Oportunidades (PIO), Junta de Enseñanzas Náuticas, Patronato de Protección al Estudio, Comisión Evaluadora de la L.G. de E., Delegado español en la reuniones del Consejo de Europa, asistente al Coloquio Europeo sobre Formación Profesional celebrado en Alemania, Director del Centro Salesiano de Pastoral Juvenil, Director de la Casa Inspectorial y delegado en cuatro capítulos de la Orden Salesiana.
Honores y condecoraciones
En los primeros años de la década de los sesenta le fue concedida la Encomienda de la Orden de Alfonso X el Sabio, que le fue impuesta en el homenaje que le tributó su pueblo de nacimiento, en unión del general Domínguez Catalán y el científico doctor Morcillo Rubio, los tres nombrados hijos predilectos de Tarancón.
-          Medalla Plata de la Juventud.
-          Medallas de Bronce de la Juventud, conmemorativas de los Concursos Internacionales de Formación Profesional.
-          Emblema de Oro del Patronato de Formación Profesional “San Valero” de Zaragoza.
-          Doctor Honoris Causa, en Ciencias de la Educación, por la Universidad Pontificia Salesiana de roma. Su lección magistral versó “La Formación Técnico-profesional en España a los 100 años de la visita de Don Bosco”.
Su obra educativa e idea pedagógicas:
Tanto el poder civil como el eclesiástico recurrían al salesiano don Julián Ocaña Peña para cuantos asuntos hacían referencia a la educación y, sobre todo, en relación con la formación Profesional. La llegada al ministerio de Educación, fue para él de incesante actividad con la preparación del célebre “Libro Blanco” la posterior Ley General de Educación y más tarde la puesta en marcha de su comisión evaluadora.
Desde mi visión personal, con 54 años de docencia en todos los niveles educativos, las numerosas leyes que he tenido que soportar y padecer, así como el conocimiento de la vida y obra de nuestro personaje, me permiten afirmar que la vida religiosa, civil y educativa del Padre Ocaña Peña encaja perfectamente con las dos premisas básicas que informaron El Libro Blanco previo a la Ley General de Educación de 1970:
a)      La educación es una inversión a largo plazo, de la que la sociedad debe sacar rendimientos.
b)      La educación debe ser un factor fundamental de integración social.
No cabe ninguna duda que la educación española, en general, y Tarancón, en particular, estarán en deuda permanente con este salesiano cuya humildad hacía brillar con más intensidad su personalidad; por donde asaba dejaba un destello imborrable de sonrisa, bondad y eficiencia.
Para el Padre Ocaña el basamento histórico del mundo obrero como centro de interés se encuentra Carlos Marx, León XIII y San Juan Bosco, el primero y el último prácticamente coincidentes en el tiempo. Desde un punto de vista teórico las corrientes de pensamiento se nutren del Manifiesto Comunista de Marx y de la encíclica Rerum Novarum de León XIII; en el orden práctico, para hacer frente al incipiente proceso de industrialización, la trayectoria la marcan las Escuelas Profesionales de San Juan Bosco.
Su pertenencia a la congregación de Don Bosco hacen de nuestro paisano un experto educativo eminentemente práctico para el que la teoría es un eslabón engarzado en una exigencia concreta. En su opinión la importancia de la Formación Profesional radica en que va dirigida a un sector social, “que lógicamente ha de ser el más numeroso de la sociedad y en el que está precisamente la clave de la productividad y del desarrollo de los pueblos, con la consiguiente repercusión en la paz y el bienestar social”. ¿Cuánto habrá políticos españoles capaces de darse cuenta de esta obviedad?
En el año 1960, siendo Secretario Nacional de Formación Profesional de la Iglesia, consciente de que las mujeres representan el 50% del género humano, toma la iniciativa de sondear a las empresas sobre las necesidades formativas de las mujeres que empleaban. El resultado fue desalentador, en algunos casos se decía que con que sepan firmar la nómina es suficiente, en otros las respuestas señalaban que cuanto menos instruidas menos conflictos.
Ante la atonía empresarial el padre Ocaña no se arredró y con un grupo de religiosas empezó a promocionar la Formación Profesional no reglada para la mujer. La iniciativa no fue estéril pues en el año 1986 se igualaba el número de mujeres y de hombres que cursaban Formación Profesional.
Un hombre encariñado de su pueblo
El padre Ocaña fue un hombre encariñado de su pueblo, al que venía siempre que tenía alguna ocasión. Aunque pasaba el tiempo en casa de su hermana y sus sobrinos, siempre visitaba a su numerosa familia desperdigada por los distintos barrios.
Personalmente lo encontré numerosas veces en la imprenta, ejercitando los más variados trabajos propios de la profesión, no por necesidad sino como vuelta a su orígenes familiares y de su orden religiosa; no olvidemos que una de las primeras enseñanzas profesionales de Don Bosco, en Turín, fue la imprenta.
Recuerdo cierta ocasión en que hablamos del “letuario” (conocido como arrope en otros pueblos) con los recuerdos y vencías que le hacían regresar a su niñez taranconera.
Por encargo del Ayuntamiento de Tarancón, el día 4 de octubre de 1988 pronunció la lección inaugural del curso escolar, en el salón de actos del antiguo Instituto de Bachillerato, que él contribuyó a recrear, en ese momento habilitado como colegio de E.G.B.
Cuando en sus notas biográficas recuerdo cómo el encuentro con los salesianos que vinieron a tantear las posibilidades de establecerse en el palacio santuario de Riánsares, fue similar al del príncipe Augusto Czartoryski con San Juan Bosco, para entrar en la Congregación Salesiana, aprovecha la circunstancia para decirnos que el beato Czartoryski era oriundo de Tarancón, como nieto de Fernando Muñoz y Sánchez, primer duque de Riánsares y constructor del palacio anejo a la Ermita.
Para terminar este breve esbozo tomamos las elocuentes palabras de su hermano de religión, el padre Florentino Merino: era un hombre de fe, se hacía querer por la gente, poseía una mentalidad abierta y se identificaba plenamente como sacerdote y salesiano.

Marino Poves Jiménez de la Real Academia Conquense de Artes y Letras.

Artículo que se puede encontrar en el libro de las Fiestas Patronales de Tarancón del Año 2014

miércoles, 29 de junio de 2016

PREGÓN DE FIESTAS PATRONALES 1996 EN TARANCON

PREGON DE FIESTAS 1996


REINA de las Fiestas y Corte de Honor, Ilmo. Sr. Alcalde, Autoridades. Taranconeras y taranconeros. Queridos amigos todos:
Gran honor y altísima tarea la encomendada a mi persona por la Comisión de Festejos del Excm. Ayuntamiento.
Para mi supone una gran ilusión, la realidad de ser Pregonero de Fiestas de mi pueblo.
Gracias a vuestra generosidad comparto desde esta noche la amplia nómina de personalidades tan cualificadas que han pregonado, que han lanzado su voz al viento, anunciando las Fiestas y Ferias de Tarancón.
Quiero dejar constancia de mi homenaje de admiración y respeto a todas ellas, y de manera especial a las que traspasaron el umbral hacia otras luces infinitas y, desde allí, desde lo alto, nos contemplan seguramente felices, como lo somos nosotros, como yo al menos lo soy en esta noche, pregonando y anunciando a todos las gentes, el prólogo o comienzo de las Fiestas y Ferias de Tarancón en honor de la Santísima Virgen de Riánsares, de este año de gracia de 1996.
Los Pregoneros de hoy, casi imprescindibles en las fiestas populares, son los descendientes de los antiguos pregoneros, aquellos oficiales de los Ayuntamientos que iban por las calles y plazas de los pueblos pregonando, dando a conocer en voz alta, los Bandos de la Autoridad, los aconteceres y las noticias d todo tipo.
¿Quién no recuerda los últimos pregoneros de Tarancón, Ruperto Periga y Tomás Priego, que partiendo de la Plaza del Ayuntamiento recorrían las esquinas de cada barrio anunciando, previo toque de tambor o trompeta, según la importancia del mensaje: “De orden de la Autoridad se hace saber….?.
Voy a hablar aquí, en Tarancón, desde el amor, desde el recuerdo, desde la amistad, por que como dijo el poeta, “la dolencia de amor no se cura sino con la presencia entre tus gentes y ante las tierras que te han visto nacer”.
Me dirijo a vosotros, buenas gentes que me escucháis. A los taranconeros que un día tuvieron que marcharse y por circunstancias diversas no pueden estar entre nosotros. Todos ellos son los verdaderos pregoneros y embajadores de Tarancón allí donde se encuentren.
A todos los hijos del pueblo ausentes, pero que, por una extraña saudade, no fallan en su visita anual a las Fiestas.
A vosotros componentes de la Comisión de Festejos, que trabajáis prácticamente todo el año para darlo todo en una semana, nuestra Semana Grande del 7 al 13 de Septiembre.
A vosotros miembros de las diferentes Peñas, que con vuestra alegría contagiosa, con vuestras charangas y vuestro galopeo incansable, sois el sostén colorista de todos los festejos.
A Trinidad y Feliciano, representantes de una generación esforzada y laboriosa, a la que se ha dado en llamar de la tercera edad. ¿Tercera edad, puede que sí, pero de primera división!.
A ti Tarancón, a tus calles entrañables: calle del Arco, del Agua, del Espejo…, con casas de yeso y madrea. A tus Ermitas recatadas: San Juan, San Roque, San Isidro y Santa Quiteria, siempre con los brazos abiertos a todos los caminos. A tu Iglesia, que se eleva alta y majestuosa con arrogancia de Catedral. A tu Torre esbelta, cuajada de vencejos. A tu Arco de la Malena, símbolo y motivo principal de tu escudo. A tus cerros misteriosos de las “Tetas de Diana”.
Aquí estoy para hablar de este Tarancón que me ha visto nacer, que en mis años mozos terminaba en la Tejera o en la cerca del “Salchichero”, y en el que junto a sus tapias sembraba aquellos Alcaceres de cebada verde para las mulas, que al llegar el mes de mayo se cubrían de amapolas y florecillas del campo.
Nadie mejor que la voz del gran poeta taranconero Enrique Rius, ha interpretado aquel derroche de colores y aromas en que se convertían los Alcaceres taranconeros al llegar la primavera, cuando escribía:
Florecillas amarillas
de mis dulces alcaceres
florecillas amarillas
como envidias de mujeres…
vergonzosas amapolas con corolas de pudor…
florecillas amarillas de mis campos
“Zapatillas” de mi amor……
Flores buenas….
Campo niño
Blanca el alma como armiño….
Rojo rojo el corazón….!
¡Florecillas amarillas de mis campos….
“Zapatillas” de tus campos Tarancón!

Cuando llegan estos días, es inevitable que los taranconeros maduros como yo, vivamos siempre como dos Fiestas y Ferias diferentes; las del pasado, las de nuestra juventud y adolescencia, arropadas por el abrigo de la nostalgia, filtrada por los tamices del tiempo, y las actuales, que con alegría e ilusión renovamos al año con nuestra presencia.
Sé que recordar es volver a vivir. Por ello me gustaría, taranconeros, que esta noche ahondárais en vuestra memoria, y como si penetráramos en el túnel del tiempo, me acompañarais por aquellas benditas Funciones en Honor de la Santísima Virgen de Riánsares que se celebraban en los años de mi infancia, allá por la década de los cuarenta y primeros años de los cincuentas.
De antemano perdonad todo cuanto os parezca banal en lo que voy a deciros.
Las funciones llegaban prácticamente cuando el último carro de paja se había metido en los pajares.
Acabadas las faenas de la recolección, el pueblo presentía, con un instinto especial, que se acercaba algo grande, algo en lo que había estado pensando todo el año. ¡Se acercaba el conjuro de las Fiestas!.
Los jóvenes estrenábamos ropa nueva. Os hombres si necesitaban alguna mula se acercaban al Ferial, situado en los alrededores del bar Manzanares. Se renovaban los aperos si era menester y, también, casi siempre, se compraba una navaja nueva.
En los últimos días de agosto, se iniciaba el solemne novenario dedicado a nuestra Patrona con gran afluencia de fieles, y el día 7 por la noche con la Iglesia a rebosar de taranconeros, se cantaba la célebre Salve, sin que al finalizar la misma faltase ningún año la vocecilla de Abundio, el que vendía Santos, lanzando un “Vítor a la Santísima Virgen de Riánsares”, que era contestado por los asistentes.
Ese mismo día a las doce de la mañana, el pueblo y su Ayuntamiento habían esperado a la Banda de Música de Quintanar de la Orden en la Glorieta de la Estación, y después de lanzar los primeros cohetes, se iniciaba un alegre pasacalles precedido de los gigantes y cabezudos. Las fiestas habían comenzado oficialmente.
En la Plaza se instalaban las barcas, la noria, la ola (todo un signo de modernidad cuando apareció por primera vez), las casetas del tiro al blanco, los puestos de chucherías  y los puestecillos de almortas, pipas y garbanzos “tostaos”.
Hasta el día 13, la vida social se desarrollaba prácticamente dentro del recinto de la vieja Plaza, que se convertía por unos días en meseta de conversaciones, cita de palabras rebrote y rumor de almas y de amigos encontrados.
Dianas con galopeo, paseos interminables debajo de las cadenetas, conciertos de la música en el Templete, vaquillas enmaromadas, torillos de fuego, carrera ciclista que siempre ganaba “Trompetilla” y fútbol componían el grueso de los festejos. El día 13 por la noche con la célebre traca final y el sensacional galopeo se cerraban las Fiestas.
Para nosotros los siete días de Fiestas, eran como aquellas siete gotitas de felicidad a las que teníamos derecho a lo largo de todo el año, y que valorábamos enormemente.
Del Tarancón de entonces, se arraciman los recuerdos y las vivencias. Sin orden cronológico desfilan por mi mente toda una serie de costumbres, de dichos y de personajes sencillos y populares, que yo creo que no pueden ni deben permanecer en el olvido, ya que son testimonio del carácter colectivo de un pueblo.
Y es que, un pueblo no es una realidad aislada, ni sus hombres son algo circunstancial. Ambos, el pueblo y sus hombres, son por así decirlo el resultado de una larga andadura a través de los años y los siglos, a través de sus propias aventuras y de sus propias glorias.
La mentalidad, la forma de ser de los taranconeros, nuestras tradiciones, nuestras propias costumbres, son fruto de circunstancias venidas de lejos, tal vez cuando nuestro Tarancón fabricaba su propia personalidad, en medio de hechos importantes y también de hechos sencillos y populares, que han quedado reflejados en las piedras, en cada una de nuestras calles y plazas, en cada uno de nosotros mismos.
En aquellos años, nos retrotraemos a 1950, las principales arterias del pueblo nacían de la Plaza del Ayuntamiento, en éstas se encontraban los mejores establecimientos de toda clase.
Recuerdo en la calle Zapatería los tabales de sardinas “salás” a la puerta de los ultramarinos de “Mocete”; las banderillas y el cartel de toros en la carnicería del tío “Bizco”. El bar del “Catalán” –centro social d la posguerra- y los nuégados de la confitería del tío Maximino, el del gato negro.
Añoro las blusas de dril que todavía vestían bastantes hombres, junto a sus pantalones de pana negra, sus abarcas, alpargatas y sandalias y sus boinas, capadas y sin capar. En aquellos domingos de Tarancón, se veía mucha pelliza y poco gabán.
Se paseaba Zapatería de arriba abajo y de abajo arriba, en un adiós interminable entre la gente, o en un ¡eh! Con sabor netamente taranconero. Coincidía el paseo cuando al anochecer llegaban los peones del campo montados en sus borricas y el galgo atado a la trasera de la albarda, y al llegar al tramo más estrecho de la calle, a la altura del “Salchichero”, soltaban un “¡arré borrica!, con la pícara intención de avivar el trotecillo del animal y que algún “aguarón” le diese a las mozas por detrás, al tiempo que a modo de bocina iban avisando: “¡aibaros que os ribo!”.
Recuerdo al tío Hontana, honrado labrador y aficionado a las predicciones meteorológicas, verdadero hombre del tiempo de la época (se dijo que algún año llegó a acertar hasta el sesenta por ciento de sus pronósticos). La personalidad singular de Blas, el alguacil del Juzgado, que por las mañanas recorría medio pueblo con su carpeta azul de gomillas llenas de exhortos y citaciones, y por las tardes era como si formase parte del mobiliario urbano de la Plaza. La tolerancia y la campechanería de Ponce, el policía municipal. La severidad del tío “Chaqueto”, guarda del campo, terror de los muchachos cuando íbamos a comer uvas a la viña de la “Confitera”, situada a escasos metros de donde ahora nos encontramos.
Me llamaba la atención la rigurosidad de las mozas en el acto social de dejarse acompañar en el paseo de por la tarde. Cuando se les acercaba un joven que no era de su agrado, principalmente forastero, se lo quitaban de encima con un displicente “veste a pasear a tu hermana”, y si el joven insistía lo espantaban definitivamente con un “arrea circuito”.
Tengo presente la estampa típica y singular de los “Mediores”: el tío Julián Milenta, el tío “Rafa”, el tío “Ago”, el tío “Roscas”, capitaneados por el tío Galo el botero. Eran hombres de bien y hombres cabales, que se encargaban de medir el vino que se vendía. Grandes y musculosos. Buenos comedores y buenos bebedores. Los días de “media” iniciaban el almuerzo echándose al gaznate un par de catavinos sin otro acompañamiento que un pedazo de cebolla cruda como la palma de la mano.
Yo compartía con ellos conversación y viandas cuando se vendía vino en la bodega familiar, y siempre recordaré la sentencia popular que lanzaba el tío “Roscas”, cuando se dudaba en hacer o no comida en el corral, en atención a las ganancias que habían obtenido en el día. Invariablemente se dirigía a sus compañeros diciendo:”¡Señores, adelante, lo que conviene es guisar que se pierda o que se gane!”. Por supuesto, siempre se acababa guisando en el corral.
No quiero acabar sin traer el recuerdo de Emiliano, el encargado del Depósito de las Aguas del Ayuntamiento, hombre sencillo, amigo mío  y de todo el mundo y dado a toda suerte de fantasías, que un día de verano a la sombra de los soportales de la Plaza, me confesó en voz baja y a modo de secreto, que en el paraje de la hondonada del Caño, antiguo barrio moro, existía una vibración especial y que la fuente del Caño Gordo era un lugar mágico, donde brotaba un chorro de agua cósmica, y por eso las personas que se bautizaban con sus aguas cristalinas, o la bebían alguna vez en su vida, eran gentes muy felices y vivían con más alegría que el resto de los mortales.
Pasado el tiempo, he pensado en más de una ocasión, sobre todo cuando llegan las Fiestas y no veo más que bullicio, alegría y buen humor, si aquel secreto que me confesara un día Emiliano el de las aguas, pudiera constituir una gran verdad.
Aprovecho estas vivencias y remembranzas para dedicar estas palabras a todos aquellos personajes, y  a tantos y tantos otros cuya imagen conservo en mi recuerdo y en mi corazón. Asimismo, pido perdón a sus raíces familiares que todavía están presentes en Tarancón.
Con el tiempo todo evoluciona y todo cambia. Si nuestros padres y abuelos levantaran la cabeza, saliendo del viejo cementerio, se verían sorprendidos con el progreso de su pueblo y con la evolución sufrida en sus Fiestas y Ferias, que ahora están cuajadas de festejos y actividades de todo tipo.
Cuando llega el 7 de septiembre, Tarancón está ahí como siempre, desparramado en su ilustre solar, con sus Fiestas, con sus costumbres populares, con sus tradiciones religiosas, con su amor a la Excelsa Patrona.
El Pregonero siente una gran emoción al hablar de la Santísima Virgen de Riánsares.
Comencé a sentir un inmenso amor por Nuestra Virgen, en los mejores años de edad, en esos años infantiles en que cualquier acontecimiento queda varado en el espíritu… en esos años de buenos consejos de amor hacia la Virgen de Riánsares, inculcados de manera especial por mi madre, que  fue su Camarera Mayor hasta el mismo día en que murió.
Cierro los ojos y me veo en múltiples imágenes curioseando cuando se colocaba a la Virgen en su carroza, y en los trajines y ruidos que generaba esa entrañable estampa en el interior de la iglesia, con el ir y venir de las Camareras.
Recordaré siempre, los ornamentos, los mantos, los vestidos y sabanillas de la Virgen con expresiones de religiosidad diaria, pero fundamentalmente concretadas en tres fechas: el 28 de enero, 15 de agosto y el 8 de septiembre.
A estas alturas del tiempo, pretender añadir algo nuevo, por mi parte, sobre estas fechas clave de religiosidad taranconera, sería cuando menos una osadía imperdonable.
Me  atrevo, no obstante, a decir, y ello con profundo respeto religioso, lo que yo creo ver, mejor dicho, lo que los taranconeros vemos reflejado en la cara de la Virgen de Riánsares en aquellas fechas: 28 de enero, TRISTEZA, 15 de agosto, ALEGRÍA y 8 de septiembre, BELLEZA.
El 28 de enero, festividad de San Julián, es un día singular. Cuando apenas ha asomado el sol por detrás de la Torre, penetra en Tarancón como un aire de tristeza.
Es invierno, las cepas y los árboles están deshojados y desnudos, y los cielos opacos y grises.
A primeras horas de la tarde, cuando ha muerto el mediodía, tocan las campanas. La Virgen emprende viaje hacia su Ermita. ¡Se nos va para más de medio año!.
El pueblo y las autoridades la despiden en la cueva de la Bolita. Al Pregonero le ha parecido siempre que, precisamente en ese momento, en ese instante, en la cara de la Virgen aparece un rictus de tristeza.
En Tarancón se palapa la pena hasta en la voz del poeta cuando decía:
La Virgen Misionera va a volver a su Ermita y se viste de nuevo su traje de aldeana. Un temblor sollozante en el pueblo palpita…
¡Se  nos marcha la Madre… se nos marcha la Hermana! ¡Callad, callad por Cristo….! Que la Virgen Señora, con ser Reina del Cielo, ¡Miradla, también llora.
Al anochecer del día 15 de agosto, la Virgen regresa a su pueblo.
La procesión llega de noche nuevamente a la curva de la Bolita. La esperan el clero, las autoridades, San Roque y la Música.
Por la cuesta de la Madre camina entre sus gentes. Allí está Tarancón entero con su devoción infinita a su Patrona.
Las mejillas de la Virgen tienen otro prisma diferente que el día que se fue. ¡Se le nota la alegría! No estaba igual la cara de la Virgen hasta su Iglesia.
Ritos, costumbres y liturgias se repiten cada año: “Cartule” con la caña prende el árbol de pólvora y cae el cuadro con la Sagrada Imagen. Suena el Himno Nacional y todo es gozo y emoción colectiva.
Ya en la Iglesia se reza la Salve popular. ¡Dios te salve, Santísima Virgen de Riánsares!
A mediodía el 8 de septiembre, las Camareras dan los últimos retoques a las flores de la carroza y pliegues del manto.
Cae la tarde. Entre el volteo de campanas suena la primera marcha procesional y aparece la Virgen en su carroza por debajo de las piedras milenarias del Arco de la Malena.
Allí está Tarancón entero, lleno de devoción.
A ritmo cadencioso, la Virgen avanza en su carroza, como montada en un barco que navegara por las calles de Tarancón. Las velas del navío las mueven las oraciones y plegarias de todo un pueblo. En la punta de la quilla, flores de pureza blanca. En la ropa, el despliegue de su manto de rojo terciopelo sembrado de bordados de oro.
A su paso por las calles del recorrido, la gente comenta: ¡Qué hermosa y qué guapa va la Virgen!
María fue sin lugar a dudas una auténtica mujer hebrea, de facciones perfectas. Ella era bonita, pero cuando el día 8 de septiembre, subida en su carroza, se pasea por Tarancón, adquiere la belleza, la hermosura y la llaneza del alma taranconera.
Al llegar a la Plaza se quema la última pólvora en su honor, y en ese instante a más de uno de los presentes se le escapa una lágrima furtiva que limpia a hurtadillas con la punta del pañuelo.
Hay ciudades que han sido capaces de conservar el esplendor de sus tradiciones, de su manera especial de ser y de sentir, sin dejar por ello de mirar al presente y al futuro. Este es el caso de Tarancón.
¡Tarancón!, yo llegué esta noche para decirte mi admiración y mi cariño, también para proclamar y pregonar tus bellezas pasadas, pero sé, que el pasado no es nada si no existe el presente. Yo no deseo para ti, Tarancón, el parteluz de la arqueología, yo pido un gran árbol que crezca hacia arriba y en el que se desarrolle tu futuro y tu progreso.
Los deseos se van cumpliendo.
La intensidad de los cambios experimentados los últimos cuarenta años, no tienen precedente en ningún momento de la historia de nuestro pueblo. Tarancón es hoy el primer centro industrial de la provincia y uno de los más importantes de Castilla – La Mancha. El desarrollo en lo económico, en lo cultural, en la sanidad y en los servicios ha sido también muy importante.
Pero el Pregonero descubre con gozo que no todo ha sido cambio, que hay cimientos y muros en su ciudad y en sus hombres, que permanecen firmes e inconmovibles.
Contempla con fruición que las puras esencias, las claves sustantivas, las circunstancias definitorias de lo taranconero persisten vivas y activas, tan viejas como el sol y tan nuevas como la luz de cada día, tan hondas como las raíces y tan altas como las estrellas. Todo ello constituye la inquebrantable voluntad de permanencia de nuestro carácter colectivo como pueblo.
El primer matrimonio de Tarancón, y uno de los factores determinantes de su desarrollo es el carácter de sus gentes: trabajador, orgulloso, decidido y emprendedor y sobre todo su espíritu empresarial, rasgos heredados, sin duda, de nuestros antepasados: romanos, sarracenos, judíos y visigodos, que a través de los siglos fueron dejando sus huellas en este lugar de la Mancha.
El otro pilar determinante de nuestro desarrollo, ha sido, es y será nuestra privilegiada situación geográfica. Tarancón es un importante nudo de comunicaciones que a todas partes conduce. Frontera próxima con Madrid, pasillo natural entre el Centro y Levante y cruce de carreteras a través de la historia.
Pero… apartemos en este instante las serias reflexiones.
Os anuncio, taranconeros, que las fiestas están a la puerta.
Por ello, pregono:
A fiestas te llama mi voz, Tarancón, a la alegría, a la danza y al galopeo, al cabrileo sutil de los fuegos de artificio, mientras los tomboleros, feriantes y  mercachifles vocena su mercancía entre músicas y ruidos, olor a churros y galas de artistas famosos.
¡Disfrutemos y gocemos todos del jolgorio!
Taranconeros, deseo que esta noche mi palabra os haya llegado más que alos sentidos, a vuestro corazón y a vuestro espíritu.
Por nuestro futuro apuesto, al mirar a esta Reina de belleza y a sus compañeras de reinado. De ellas saldrá lo que venga que, como dijo alguna vez el poeta, no puede ser otra cosa que “la lluvia fecunda y armoniosos vientecillos”.
Las Fiestas quedan abiertas.
¡Vitor a la Santísima Virgen de Riánsares!
¡Viva siempre Tarancón!
Muchas gracias.

Luis Lozano García. Tarancón. Agosto 1996

Artículo que se puede encontrar en el programa de Fiestas de 1997

lunes, 27 de junio de 2016

PREGÓN DE FIESTAS 1995

PREGON DE FIESTAS 1995

I.                    INTRODUCCIÓN
Taranconeras, taranconeros: forasteras, forasteros, buenas noches y muchas gracias por vuestra presencia en este Pregón de las Fiestas y Ferias de 1995.
Los que me conocéis sabéis lo orgulloso que me siento oficiando de pregonero de las fiestas de mi pueblo: los que no me conocéis difícilmente dejaréis de advertir que estoy feliz en esta tribuna dirigiéndome a los míos. A mí los homenajes, incluso los inmerecidos, me gustan, siempre que no sean póstumos.
Pese a encontrarme muy contento, no puedo negaros que lo que realmente estoy es sorprendido por la nominación adoptada por la Comisión de Festejos. También lo están mis hijas Carmen Riánsares y Julia, ya que desde hace varias semanas no cesan de preguntarme porqué soy el pregonero.
Las amables palabras que han servido para presentarme pueden llevaros a engaño. Yo tan solo soy un joven con un brillante porvenir…pero ya a sus espaldas. Sólo soy un profesional que ha tenido la enorme suerte de perder su juventud viviendo tiempos interesantes en un viejo caserón de la calle de Alcalá que cobija al Ministerio de Economía, y que ahora comienza a malbaratar su madurez por los recovecos del Palacio del Marqués de Salamanca que sirven de sede de Argentaria.
No he dado ningún pelotazo en la década pasada, y a la vista de mis convicciones, y de lo que parece estar viniendo, no resulta probable que lo dé en el corto futuro.
Nunca traje a Tarancón a ninguna Melanie Griffith –algo que no será nada sorprendente para quien repare, aunque sea de soslayo, en lo guapa que está Carmen –y lo más que conseguí fue empapuzar en vino y cordero a algún Ministro de fuerte intelecto, pero ya de olvidada popularidad. Y no digamos nada de mi carrera en la Televisión: mis apariciones han sido siempre breves, y al hilo, la mayoría de las veces, de luctuosas noticias económicas.
Para colmar mi perplejidad, el Ayuntamiento que me invita es de derechas, y… yo tampoco, aunque sospecho que para el futuro político de los concejales hubiese sido mucho más arriesgado no haber contratado a Norma Duval.
Todo lo anterior me hace pensar que si estoy hoy aquí es sencillamente por un única razón: porque aquí soy José Juan, el hijo de la Felisita y de Pepe Ruiz, el yerno de Bienve y de Ángel. Porque aquí, ante vosotros, sencillamente soy uno de los vuestros. Aquí, soy uno de la tribu.
Una tribu que ciertamente no tiene RH negativo del que alardear, ni xenofobia alguna de la que avergonzarse. Es decir, una tribu de buena gente, a la que da gusto pertenecer.
Y quizá sea sencillamente por eso, por lo que me encuentro, por primera vez en muchas semanas, relajado, feliz y con ganas de taranconear durante los próximos veinte minutos.

II.                  UNA CONCESIÓN A LA NOSTALGIA
Taranconear, como bien sabéis, es un verbo que admite múltiples significados. Para algunos, el sinónimo más cercano es borriquear; ara otros, entre los que me encuentro, taranconear no es otra cosa que evocar –exagerando- los personajes y leyendas de nuestro pueblo. Sin falsas modestias, en esta acepción del racial verbo he conseguido, con los años y la práctica, un virtuosismo que ha llevado a muchos de mis mejores amigos a estar persuadidos de que nuestro término municipal, además de limitar, entre otros, con Belinchón, La Fuente y Villarubio, también lo hace con Macondo.
Sin embargo, no caeré en la tentación de utilizar esta tribuna para someter mis habilidades a vuestro certero, y seguramente severo, juicio, ni tampoco osaré rivalizar con aquellos que me han precedido en el empleo de Pregonero tratando de completar la galería de retratos humanos que paulatinamente van asomándose a los Pregoneros de Fiestas.
Pero sí me perdonaréis que, haciendo una concesión a la nostalgia, aproveche la ocasión para rendir público homenaje a dos espacios colectivos que han influenciado decisivamente mi forma de ser: los cines y algunos bares del pueblo. Desafortunadamente ambos espacios han compartido –junto a la plaza de toros- el mismo destino: han dejado de existir.
Posiblemente pertenezco a la última generación de taranconeros que tuvo una infancia relativamente resguardada del influjo de la televisión. Al iniciarse la década de los 60, el número de aparatos de TV era reducido y las horas de programación limitadas, lo que unido a la escasa densidad del tráfico, convertía a las calles en el espacio natural de los juegos infantiles, y a los cines en la fábrica de sueños por excelencia.
Para muchos de nosotros, fue en el cine parroquial –en el cine de D. José María- donde se produjo nuestro primer contacto con el mundo de las películas. Su sesión infantil nos convirtió en espectadores de legiones y centurias romanas, de tribus indias, de batallones del séptimo de caballería, de valerosos Tarzanes que indefectiblemente acababan luchando a brazo partido con gigantescos cocodrilos, y, sobre todo, de los azulísimos ojos de Marisol.
Uno sabía que comenzaba a crecer cuando la sesión infantil se sustituía por el programa vespertino del teatro cinema Alcázar, y Fantomas, o Weismuller daban paso a John Wayne, Clark Gable, Rita Hayworth, y, sobre todo a Ava Gadner, a la que muchos niños y mayores, entre ellos Antonio el Sancho, y Matías Zoyo con su guardapolvos gris- habíamos visto en la Zapatería con unos pantalones pitillo y una blusa de topos bajándose del jeep de Luis Miguel Dominguín.
En el cinema Alcázar, con el run-run de fondo de las pipas y con el estruendo ocasional de botellas de gaseosa deslizándose por la pendiente de la sala de proyecciones, aprendimos que el cine americano tenía tratamiento de usía, una sensación que a mí ya no me abandonaría ni siquiera en los momentos de fervor militante por el cine europeo comprometido.
Y uno se sentía ya un hombre cuando acudía al cine de verano a ver a Sarita Montiel en “El Último Cuplé”, al tiempo que disciplentemente encendía un cigarrillo y vaciaba de un trago el primer botellín. Me gustaría también acordarme del cien del Tío Mea, pero estoy convencido de que pese a lo que pueda pensar, yo jamá vi allí “El Litri y su sombra” y “Los hijos del volcán”, y que ese vívido recuerdo que ahora tengo sólo es una magnífica alucinación de la que me he apropiado tras disfrutar de generosas conversaciones con mi amigo Enrique.
Todos esos cines hoy ya no existen, víctimas del fracaso comercial o de la especulación urbanística que arrasó el pueblo. Con ellos murió una forma de aprender a convivir, ya que el cine jamás se iba sólo: se iba con tus amigos, con tus primeras amigas, e incluso con tu primera amiga, e incluso con tu primera amiga más amiga. Es verdad que había cortes, que las sillas eran incomodísimas y que no se podía elegir la programación, pero me siento afortunadísimo por  haber disfrutado de aquellas películas en aquellas condiciones, y lamento que a los jóvenes taranconeros se les haya condenado al vídeo o al exilio cinematográfico.
Los bares, como antes anticipaba, también ha sido muy importantes en mi educación sentimental. Como nos recordaba hace dos años en su pregón José Luis Sánchez, una de las características básicas de nuestros bares era, hasta hace muy poco, su clara orientación a que el vino fuese “cascao”, (hablado, para los que no entienden el taranconero). Podían ser tabernas, bares o cafeterías; podía haber más o menos lujo –bueno, es un decir- pero en todos ellos, el objetivo era que la gente hablase entre sí, y no se ensimismara en el vaso, ni en su contenido, como suelen hacer los pueblos bárbaros del norte.
Eran establecimientos familiares. De hecho, mi primer recuerdo me sitúa en una mesa de la terraza del Bar el Descanso, donde mis padres y sus amigos daban cuenta a los cangrejos de río que acababa de preparar la señora María.
Aunque parezca imposible superar el nombre de “El Descanso”, en nuestro pueblo existió hasta no hace mucho un bar con nombre todavía más prodigioso: el “Aquí me quedo”, en su alargado, estrecho y profundo local, bajo el cartel de toros que anunciaba la última tarde de Manolete en Linares, Arturo y Margarita prepararon aperitivos y propiciaron conversaciones de los que todavía hoy guardo un imborrable recuerdo. Allí, apoyado en la columna que partía la barra, con un tronío que solo soy capaz de adivinar en el Hemingway que frecuentaba el Floridita de la Habana, se encontraba uno de los primeros parados que conocí. Muchos años después me pasaría como a Aurelio Buendía: su recuerdo me ayudaría a comprender mejor el auténtico drama del desempleo.
Angelito, Cordones y Celia son mis últimas referencias nostálgicas. Angelito hace ya mucho tiempo que se trasladó a Madrid, y Celia ha decidido darse un merecido descanso, así que ya no puedo esperar oír el torrente impetuoso de exclamaciones de Celia, o asombrarme del virtuosismo con el que Angelito tira la cerveza, al tiempo que limpia la barra y se sube unas enormes gafas negras que sólo él, Fuentes Quintana y Matías Prat (padre) ya se atreven a llevar. Tan sólo me queda la posibilidad de bajar a Cordones para que Jesús, bajo la mirada atenta de Paca, me cuente el día que por culpa de una artesa no fue ni peatón, ni vehículo.
Los cines de mi adolescencia cerraron. Los bares de mi juventud también. ¿Qué me une a vosotros? Dejadme que aproveche los últimos minutos de este pregón para deciros que por encima del cariño irracional y sentimentaloide, lo que me une a vosotros es la confianza en que este pueblo tiene –si aprovecha sus potencialidades y ventajas comparativas-un futuro económico alentador.
III.                DE VUELTA A LA REALIDAD
No hace falta que a vosotros os señale lo mucho que Tarancón y los taranconeros han progresado en las últimas tres décadas y media. Basta con mirar a nuestro alrededor para rápidamente convenir que nuestro pueblo, como mínimo, no ha perdido comba con el desarrollo general del país. No tengo datos históricos sobre el nivel de renta, pero si consideramos plausible la hipótesis de que ha progresado al mismo ritmo que la media nacional, los taranconeros de hoy día somos casi tres veces más prósperos que lo fueron nuestros padres.
No es, en modo alguno, un resultado despreciable, aunque para algunos de nosotros –para aquellos que pensamos que no sólo importa haber crecido y progresado, sino que también es importante haberlo hecho mejorando la distribución de la renta y de la riqueza- lo verdaderamente espléndido del pasado reciente es que nuestro pueblo- nuestro país- se haya convertido en una sociedad de clases medias.
Podemos discutir si de clases medias bajas, o medias-medias como el café-café, pero no creo que pueda cerrarse los ojos ante la evidencia de que el Tarancón de hoy es una sociedad más homogénea, con menos fracturas sociales que la existía en la década de los sesenta.
Una sociedad en la que la universalización de la Sanidad, la Educación y la red de protección social han felizmente sustituido al paternalismo y “caridad cristiana” del pasado. Una sociedad en la que las angustias del ayer ante el desamparo han dado paso a derechos que se defienden democráticamente. Una sociedad en la que los “ricos” de hoy no son ya todos los que fueron ricos ayer, y en la que los mas han progresado económicamente. Una sociedad en la que la libertad, el esfuerzo personal, y una red de solidaridad han hecho posible la movilidad social.
Desde un punto de vista estrictamente económico  no resulta muy aventurado explicar las razones de este progreso. Aunque este pueblo nunca haya sido una economía exclusivamente agrícola, la desagrarización de los años 60 y 70 permitió que se produjeses las ganancias de eficiencia y de productividad que han financiado gran parte del aumento de nuestro bienestar material. Las políticas de las últimas dos décadas han encauzado y consolidado la solidaridad.
Los efectos sobre la prosperidad de este desplazamiento de parte de la población activa desde el sector agrícola a la industria, la construcción, y, sobre todo, los servicios se habrían visto reforzados por un segundo factor igualmente crítico: una parte importante del aumento de la renta disponible familiar se ha logrado merced a la incorporación definitiva de la mujer al trabajo fuera del hogar.
Con ello, en los hogares taranconeros no sólo ha entrado algo más de dinero, sino que además se han comenzado a resquebrajar las estructuras machistas y autoritarias que habían prevalecido durante siglos. Quizás a un ritmo que todavía parezca a muchas taranconeras insuficiente, pero que todas –y todos- ya saben irreversible.
Desagrarización, mejora de la productividad y aumento de la tasa de empleo de las mujeres serían, en mi opinión, las razones del reciente progreso económico del pueblo. ¿Qué pasará en el futuro?
Quizás a muchos de vosotros os resulte difícil escapar al abatimiento económico que desde hace algún tiempo parece atenazar al país, y, más en particular, a nuestro pueblo.
No hay duda de que la recesión de 1993/94 ha sido muy dura, que su impacto sobre el nivel de empleo ha sido devastador, y que el país colectivamente ha perdido una buena parte de su autoestima al comprobar que algunos de sus sueños explotaban en mil pedazos. Ara la economía taranconera los efectos de la apertura de la autovía han exacerbado las dificultades que plantea el paulatino despoblamiento de la comarca y el aumento de la competencia. Por si todo lo anterior fuese poco, la sequía ha vuelto a dañar los rendimientos de nuestros campos. Con este panorama, ¿quién es el osado que se presenta lanzando un mensaje económico optimista?
Os diré que yo. No puedo negar que hoy existen dificultades, pero seríamos unos pesimistas absurdos si perdiésemos de vista lo que en mi opinión es el activo más importante del pueblo: vosotros los jóvenes –o si me dejáis que se lo diga a vuestros padres que se lo diga a vuestros padres que son los que hicieron y hacen el esfuerzo- vuestros hijos son la generación de taranconeros más culta y mejor preparada de la historia de nuestro pueblo. Nunca antes ha habido en este pueblo tanta gente con estudios medios y superiores: nunca antes han existido tantos taranconeros que hayan pasado por la Universidad; nunca antes han existido tantas taranconeras y taranconeros viajando dentro y fuera del país, el mejor antídoto para curar muchas de las funestas consecuencias del localismo excluyente. Nunca, por tanto, han existido tantas oportunidades para progresar moral y económicamente como hoy exiten.
Hace más de 200 años. Adam Smith –un escocés de pueblo al que se considera con buen tino el padre intelectual de la economía- demostró que la riqueza de las naciones no dependía exclusivamente de los recursos y riquezas naturales de los pueblos, sino más bien de las cualidades morales y preparación de sus habitantes. Como ya os he dicho creo que en esa liga los taranconeros estamos hoy bien preparados, y no deberíamos renunciar a priori a ninguna aspiración.
Ahora bien… tampoco deberíamos ponerle difíciles las cosas al pobre Adam Smith. Contar con una población preparada es un prerrequisito para competir con éxito en un mundo totalmente interrelacionado, pero ya no garantiza nada. No vivimos en un mundo de certezas, y ya nada está atado y bien atado. Para triunfar colectivamente como pueblo o como nación es preciso que el resto de las normas que regulan la convivencia y actividad económica propicien también la eficiencia y la solidaridad.
Muchas de esas normas no se van a definir aquí, en Tarancón, sino en el Parlamento, en el Consejo de Ministros, en Bruselas, en Madrid, en Toledo o en cualquiera de los centenares de miles de Consejos de Administración de las empresas que en el mundo son. Pero sí hay normas y comportamientos que dependen de nosotros, de los empresarios taranconeros y de nuestro Ayuntamiento que potencialmente pueden mover el futuro económico de este pueblo en un sentido u otro.
Si las taranconeras y los taranconeros se asientan sobre la desesperanza y culpan a la autovía o a los “tiempos que corren” d sus infortunios económicos, el pueblo iniciará un seguro declive: nadie puede vivir del pasado, por muy glorioso que éste haya sido. El futuro hay que ganarlo invirtiendo, innovando, ganando nuevos mercados y nuevos clientes, y la fase histórica en la que Tarancón creció por ser un importante nudo de comunicaciones y un notable centro comercial  comarcal irremediablemente está concluyendo.
Nuevos negocios, nuevas ideas tienen que surgir entre vosotros para que nuestro pueblo sea capaz de emplear a sus hijos. Y no seré yo quien trate de acotar las posibilidades o la imaginación. Sinceramente creo que aquí hay sitio para todo: para la agricultura ecológica, la industria exportadora, las residencias geriátricas o, llegado el caso, las escuelas virtuales de náutica y navegación.
Reparad que no estoy apelando a que sean las autoridades locales, autonómicas, o nacionales o comunitarias las que nos “desarrollen” nuestro pueblo. Estoy apelando a vosotros y a vuestro esfuerzo, porque estoy sinceramente convencido de que al Estado hay que defenderlo tanto de sus entusiastas, como de aquellos que lo quieren miniaturizas hasta el punto de hacerlo vulnerable a sus intereses.
En nuestro pueblo, al “Estado”, a nuestro Ayuntamiento, l que creo que hay que pedirle es que no bloquee el crecimiento del pueblo con normas esterilizadoras y gravosas. En particular, al Ayuntamiento creo que habría que pedirle que tuviera un exquisito cuidado para evitar que e mero planteamiento urbanístico no dañe nuestro futuro haciendo escaso y caro un recurso que es el único que nos sobra: el suelo.
Las leyes urbanísticas del país van inevitablemente a cambiar. No es posible para el país mantener normas que hacen que más de las 2/3 partes de la riqueza de los españoles esté invertida en ladrillos. No es posible que normas oscuras y decisiones arbitrarias permitan que el desplazamiento en un plano de una línea en unos centímetros sea la frontera entre la riqueza o la propiedad de un erial. No es posible seguir manteniendo esa fuente de corrupción y de dislate económico. No es posible que condenemos a que nuestros hijos se hipotequen de por vida por no ser capaces de ser generosos en la creación de suelo urbano.
Tenéis la oportunidad de abanderar ese cambio. No tengáis miedo en hacer normas simples, transparentes, de rápida gestión. No tengáis miedo de contribuir al bienestar de los más, aunque sea al precio de alguna renuncia por los menos. No tengáis miedo en ser generosos, y no titubeéis en apoderaros de la bandera de ser el primer pueblo de España que comienza a apostar por el futuro.
Hacedlo, y así ahorraréis a muchos taranconeros, el dolor que causa el exilio económico no deseado. Aunque como veis, por mucho que nos vayamos y por lejos que estemos, el espíritu taranconero siempre está al acecho, y en cualquier momento surge para darte un zarpazo que te come el alma.
MUCHAS GRACIAS
Tarancón, 2 de septiembre, de 1995
José Juan Ruiz
Articulo encontrado en el programa de fiesta 1996

sábado, 19 de marzo de 2016

LA PASION

LA PASION VIVIENTE

En las celebraciones de la Semana Santa de Tarancón requiere la escenificación de la Pasión Viviente en la tarde noche del Sábado Santo, que si bien se gestó en el seno de la Junta de Hermandades, e involucra a muchos cofrades en esta representación, es por sí sola un ente aparte. La idea partió de las personas que componían el grupo de teatro "llave", que gustosos del arte dramático, y amantes de la Semana Santa y de las tradiciones, quisieron que en las calles de Tarancón se viera a lo vivo la Pasión de Cristo, al estilo de las representaciones de la zona sur de la Comunidad de Madrid. Uno de los fundadores, Antonio Moreno, que durante quince años ha representado el papel de Jesús, fue el entusiasta que durante mucho tiempo maduró el proyecto, y que llegó a exponerlo al párroco don José María Alfaro a finales de los años 80. Pero sería en 1990 cuando de nuevo se animó y presentó el proyecto ante la Junta de Hermandades, que lo acogió con entusiasmo, el nuevo Párroco, don Venancio Cañego, que se ofreció para redactar el guión, y el Ayuntamiento, que puso operarios y presupuesto para que la idea pudiera salir adelante en el Sábado Santo de 1991. El apoyo incondicional de muchas personas anónimas puso el resto, destacando el papel jugado por don Ángel Muñoz, director de la escenificación, y don Julián García Navarro, gran propagandista de la misma.
 El siguiente paso fue seleccionar los actores, para lo que se echó mano de las personas que componían distintos colectivos y asociaciones locales, pensando siempre en quienes podían desempeñar mejor cada papel, desde los principales (apóstoles, Pilatos, la Virgen), hasta los secundarios y la misma figuración. La emisora local de la entonces Antena 3 de Radio prestó sus estudios para que se pudieran grabar las voces de los actores protagonistas y los fondos musicales que servirían de ambientación. La televisión local puso a disposición de la Pasión sus equipos para que todo el sonido pudiera ser emitido, así como se dispuso a grabar el acontecimiento. Técnicos de la localidad prepararon los efectos especiales, de una manera rudimentaria en aquella primera edición. Y así, se consiguió un éxito rotundo entre propios y extraños. El tesón y perfeccionamiento de años posteriores, como la renovación de los fondos musicales por don Rafael Díaz en 1994, y el estreno de nuevos escenarios, así como los efectos especiales y sonoros, permitió que en 1996 la Junta de Comunidades de Castilla - La Mancha declarase a la Pasión de Tarancón de interés turístico. Desde 2002 el papel protagonista de Jesús lo comparten Antonio Moreno, su creador, y Raúl Añover, realizando cada uno distintas escenas.
La secuenciación se ha ampliado respecto al guión original. En 1993 se incluyó la escena de la Negación de San Pedro; en 1994 la Entrada Triunfal en Jerusalén; en 1997 la curación del ciego y los preparativos de la Cena; y en 1999 el ahorcamiento de Judas. Pero los escenarios han variado poco en su disposición, si bien han mejorado sus detalles, ambientación y mobiliario.
En la Plaza del Ayuntamiento se realizan diversas escenas, comenzando por la Entrada Triunfal de Jesús en Jerusalén. Para ello se articula una puerta amurallada para simbolizar la entrada de Cristo en la Ciudad Santa a través de la Puerta Dorada. Todo el frente del Palacio de los Duques de Riánsares (actual Ayuntamiento) se ambienta mediante casitas, para asemejar el callejero de Jerusalén, donde se producen las escenas de la Curación del Ciego y los preparativos de la Cena. En un amplio escenario elevado, situado ante las puertas del mercado de abastos, se recrea el Cenáculo, como una estancia amplia, con viguería de madera, y perfectamente acondicionada, donde no faltan los detalles de las celosías en las ventanas, y se dispone una amplio mesa, convenientemente servida con los platos de la Cena Pascual, principalmente pan y cordero asado, sin que falte el vino, elementos que permitirán a Cristo instituir el sacarmento de la Eucaristía. No faltan la jofaina, el jarro y la toalla, con los que Jesús efectuará el lavatorio de los pies de sus discípulos.
En la Plaza de la Cruz de la Iglesia, más conocida como Plaza de la Solana, ante el Arco de la Malena, se revive el Huerto de Getsemení, escenario muy logrado mediante olivos enteros y otros elementos vegetales como retama, romero, aliagas, etc., cubriendo todo el suelo de tierra, e iluminado con hogueras y teas. En este lugar se escenifica la Oración en el Huerto y el Prendimiento. En la Plaza de la Caño, bajo la mole pétrea de la Iglesia Parroquial y la muralla del Castilejo, se habilitan varios escenarios. El primero, frente a la cuesta de la Iglesia, simula el palacio de Anás, donde lso sanedritas se reúnen para juzgar a Jesús. A pie de plaza se representa la escena de las negaciones de Pedro, entorno a una hoguera llameante. Y al fondo de la Plaza del Caño, en medio del cuadro del parterre, se monta el escenario del Pretorio, conn elementos clásicos romanos, columnas, medallones, pebeteros llameantes y el sillón del procurados romano. Aquí será Pilatos quien juzgue a Jesús ante las presiones de la multitud, lo mande azotar, y lo acabe condenando a muerte.
Desde este escenario se inicia la subida al Calvario, muy efectista a través de la cuesta de la Iglesia, cuyos muros de piedra se iluminan con antorchas. En este recorrido, que se prolonga hasta la Plaza de la Constitución, se escenifican los diversos encuentros, con la Virgen, la ayuda del Cirineo, con las mujeres de Jerusalén, las caídas, y también el ahorcamiento de Judas, ya en uno de los árboles de la Plaza. En el lateral sur de la misma se monta el espectacular Calvario, evidenciando el terreno mediante arena, planta aromáticas y árboles naturales. Las tres crucs presidirán las escena de la Crucifixión, muerte y descendimiento, son sin duda los momentos más tétricos y emotivos de la representación, sobre todo cuando el cuerpo del Maestro sea depositado por José de Arimatea y Nicodemo en el regazo de la Virgen María. El cuerpo de Jesús será trasladado a su Sepulcro, en la Plaza del Caño. Allí se efectuará la resurrección, en medio de efectos especiales y fuegos artificiales, mientras desde lo alto de la muralla de la Iglesia, que domina el paraje del Caño, se ve a Cristo ascender a los cielos.
En 1998 se intentó reestructurar la ubicación de los escenarios, con las escenas iniciales (Entrada en Jersulaén, Cena, etc.) en la Plaza de la Constitución, mientras las escenas de la Crucifixión se hacían en el Mercado, y la Resurrección y la Ascensión en la portada de la Capilla de los Somascos. Pero este cambio no gustó entre el público, y al año siguiente se volvió a la ubicación habitual. desde 1999 la representación se inicia con el desfile de la Centuria romana desde la Avda. de Migues de Cervantes a la Plaza del Ayuntamiento. Finalmente, en el año 2004 se cambió el escenario de la Resurrección, que antes se montaba ante la portada de la Parroquia de la Asunción, para hacerse ahora en un sepulcro instalado en la Plaza del Caño, y se volvió a incluir la escena de la Ascensión (que tan solo se había representado en 1998) sobre el ángulo del lienzo de murala de lso pretiles de la Parroquia, con un gran efectismo remarcado por los fuegos artificiales que iluminan la noche a la espalda de Cristo que asciende a los cielos. La representación se ha tenido que suspender en dos ocasiones, en 2001 y 2003, debido a los aguaceros que cayeron sobre la ciudad el Sábado Santo de esos años.
Como podemos apreciar, Tarancón transforma su casco antiguo en una verdadera Jerusalén aprovechando sus plazas, recodos y vericuetos, y lo que no, lo recrea para el espectador, mientras los habitantes se sumergen en el ambiente de la Judea del siglo I de nuestra era para renovar un drama conocido, pero que cada año se hace nuevo a los ojos de los que lo presencian.

Articulo que se puede encontrar en la Semana Santa de Tarancón 
Historia, Cultura y Fe de Féliz Montoya Sánchez