viernes, 22 de julio de 2016

PREGÓN DE FIESTAS Y FERIAS DE TARANCÓN 1998

PREGÓN DE FIESTAS Y FERIAS DE TARANCÓN 1998


JOSÉ DOMINGUEZ GARCÍA DE LA PLAZA

Taranconeros todos. Familiares, amigos y amigas.
Muchas gracias a la Comisión de Festejos del Excelentísimo Ayuntamiento de Tarancón por haberme nombrado pregonero.
Ignoro qué desconocidos méritos han podido ver en mí para moverles a tomar tal decisión.
Esto hace aún mayor mi agradecimiento. Y me siento muy feliz aquí, junto a la representación de los niños y los mayores, delegada en las dos parejas elegidas, así como entre estas hermosas jóvenes, la Reina de las fiestas y sus Damas de Honor, que simbolizan la belleza de la mujer taranconera.
Cuando se me propuso hacer el pregón de las Fiestas y Ferias del presenta año de 1998, tuve mis dudas si debía aceptar tal honor. Pensé que como yo no había nacido aquí, tal vez no debiera usurpar este privilegio a uno de los nacidos taranconeros. Pero a medida que meditaba más en ello, he considerado algunos acontecimientos de mi vida y he rememorado numerosos recuerdos desde mi infancia hasta hoy, y en su conjunto me ha parecido todo lo suficientemente transcendente y definitorio para estimar que en este lugar se ha marcado poderosamente mi existencia. Y por ello decidí hacerlo.
Mis padres nacieron ambos en Tarancón, con antepasados que se remontan siglos atrás en el tiempo circunstancias de su trabajo hicieron que, poco más o menos en la época de su matrimonio, tuvieran que emigrar por las provincias de Madrid, Albacete y Ciudad Real. Pero desde que tuve uso de razón vi que en mi casa se vivía con añoranza un intenso ambiente taranconero y se mantiene con firmeza la unión y el afecto hacia la familia. Los frecuentes viajes que realizábamos al pueblo y las visitas que d aquí recibiéramos, servían para reavivar recuerdos y reactivar y robustecer los cariños familiares. En la cabecera de la cama de mis padres había siempre, presidiendo solemne su dormitorio, un cuadro de la Virgen de Riánsares. Allá donde iban, entre sus más fieles amigos aparecían taranconeros. De tan buena enseñanza aprendí yo un comportamiento que he procurado mantener hasta hoy. Mis hijos, que tampoco han nacido aquí, participan igualmente en el amor a Tarancón, y en las reuniones familiares, o cuando se intenta halagar a un buen amigo, no suele faltar nuestro plato tradicional, el cuchifrito, que por cierto lo hago yo y no es porque esté delante, pero me sale muy rico.
Los primeros recuerdos de la vida de un niño nunca comienzan cuando ya se ha alcanzado cierto grado de madurez. Anterior a esto a todos se nos aparecen tres o cuatro recuerdos aislados, perdidos en la oscuridad de los primeros años, probablemente fruto de unos acontecimientos que nos impactaron. No saben explicar porqué, pero ahí están en la memoria. Era yo muy pequeño. Ese día cumplía los cuatro años. Ahora cierro los ojos y con toda nitidez me veo vestido con un jersey y un pantalón largo, con las manos en los bolsillos, paseando por la acera de la casa de mi abuela materna. Algún encanto debió envolverme en aquél momento, porque se me ocurrió prometerme que no se olvidaría nunca de ese día. Y así ha sido. Eso tuvo que sucederme en Tarancón, donde no vivía; otros muchos cumpleaños han pasado después sin dejar huellas notorias y la mayor parte se han perdido en el olvido.
Mi abuela materna tenía un escondite donde guardaba celosamente las magdalenas de la tía Máxima. Un primo mío que conocía el secreto aprendió a colarse por el ventanuco que daba a su dormitorio para sisarle una sola pieza cada vez a fin de que no se notase el hurto. Cuando yo venía, él me hacía cómplice de la travesura con gran gozo por mi parte. Estaban riquísimas. Y seguro que no sabían mejor por aquello de ser robadas.
Las visitas a mi abuela paterna estaban llenas de encanto. Nunca faltaban para su nieto ausente una palmerita recién hecha y una onza de chocolate. Conmigo fue una mujer muy dulce y cariñosa. No hacían falta esas meriendas para que yo la quisiese. Aunque a cualquier niño esos inocentes sobornos le ganan el corazón. Hoy que yo soy abuelo de una deliciosa nieta, practico estos mismos inocentes sobornos para incrementar el mucho amor que los dos nos tenemos.
Venía luego todos los años en verano, sobre todo en septiembre, a las Fiestas y Ferias. He sido hijo único, y cuando llegaba aquí, me salían primos por todas partes de mi larga y en general prolífica familia. ¡Ay callejón de San Roque, con su higuera y su paraíso!. Cuantos recuerdos y nostalgias. Y mi posada, siempre abierta, en la casa de mi tío Tomás, hombre bueno y generoso donde los haya. Puedo asegurar que eran esos de los día más felices de mi vida.
Empecé a conocer así mismo a otras gentes que no eran de mi familia. Entre ellas han nacido amistades que se han consolidado con el tiempo, creando sentimientos de una sincera confraternidad.
Durante todo el año esperaba ardientemente el poder venir a las Fiestas. Así era el programa de entonces. Día 7 de Septiembre, 12 de la mañana. Llegada de la Banda de música de Quintanar de la Orden dirigida por el eminente maestro D. Jesús Sierra Martínez, que venía acompañada de las comparsas de gigantes y cabezudos. En ese momento todo comenzaba y todo era alegría. En los primeros días predominaban los obligados actos de devoción a la Virgen de Riánsares de unos hijos agradecidos y reconocidos, que prácticamente en masa acudían a venerar a la Madre. Luego empezaba lo lúdico, acogido con el ansia de lo que se disfrutaba con escasez. Con tanta diversión los días se consumían rápidamente. Y llegaba el día 13, retreta y traca final, en la cual nuestro pirotécnico local Sr. Ramírez colocaba como último cohete un colosal petardo cuya explosión nos recordaba que había que volver al trabajo. Y hasta el próximo año.
Luego a luego, la banda de Quintanar dejó de venir y desde entonces lo hace, orgullosamente, nuestra Agrupación Musical Nuestra Señora de Riánsares.
Entre las fiestas lúdicas de los mejor era el baile. No era fácil bailar en aquellos tiempos. A veces sólo de año en año, y en las bodas. Aquí aprendí a moverme con las chicas al ritmo de la orquesta y al de la melodía de la animadora de turno. Un día, un 11 de Septiembre, por la tarde, en el Casino Nuevo, desde el rincón donde se refugiaban los mirones o los tímidos, alguien me comentó, ¡Mira que chica más guapa!, ¡a que no bailas con ella!. No sé si fue el aceptar un desafío o mi inexorable destino. Sí que bailé con ella. Tanto bailamos en aquellas fiestas, que aún seguimos bailando. Si digo que aquella chica era Blanca Ortega pocos la conocerán, pero si digo que era Chaty Espiga será más fácil que sepáis de quién se trata. Mi esposa. Con quien hasta ahora he compartido alegrías y pesares. Las alegrías, felizmente, las más frecuentes. Los pesares con el apoyo mutuo que da el amor sincero y con la conformidad y el coraje necesarios para empujar hacia adelante y hacia arriba. Por cierto, a punto estuve de probar el agua del caño gordo que no había recibido en el bautismo. Se dice que este agua contiene hechizos especiales y por eso hubiese sido buena la prueba. Los mozos, que se enteraron antes que yo de mi noviazgo, una noche, a la salida del cine, me reclamaron la patente. Un arruinado estudiante las más de las veces no tenía un duro en el bolsillo. Esa noche era una de ellas. Me ví en el caño recibiendo un tardío bautismo de confirmación. Pero no pasó nada. Pronto se subsanó el problema como se pudo. Se pagó lo que había que pagar, la moza la valía y se cumplió como era debido.
Después, casado y con residencia en Madrid, mi segunda vivienda ha sido desde entonces Tarancón. Por mi profesión de Médico he tratado siempre de escuchar y atender como se merecían a cuantos paisanos acudieron a solicitar algo de mí. Si conseguí orientarles y resolver su problema me vale con la satisfacción de haberlo hecho. Si no, desde aquí les pido mis disculpas.
Os he contados todo esto porque he querido exponeros mis credenciales de Taranconero, orgulloso de serlo y de que se reconozca. Dice el poeta Antonio Machado.
Caminante, son tus huellas
el camino, y nada más.
Caminante, no hay camino,
se hace camino al andar.
Ya habéis visto cómo mis pasos se han cruzado muchas veces con los vuestros y juntos los hemos entretejido en el mismo lugar. En Tarancón.
De aquí en adelante Dios dirá. No se puede ni prever, ni dominar el futuro. Pero lo que sí sé es donde deseo que se acabe el camino de mi existencia. Será en esa atalaya muda que se asoma a la Hontanilla y desde la que se domina un valle de lejanos horizontes. Camposanto donde han acabado las vidas de innumerables antepasados nuestros y donde duermen sus historias íntimas. Tengo allí muchos parientes más o menos cercanos. Pero sobre todo me esperan juntos en su pequeña morada, mis dos raíces básicas, mi padre y mi madre, y una rama desgajada, mi hija, que rompiendo el orden natural de la vida se me fue precozmente. Cuando lo determine mi destino me reuniré con ellos en el silencio, a la búsqueda del ignoto y profundo misterio de lo infinito.
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Creo yo que Tarancón ha alcanzado el desarrollo que actualmente tiene en función de dos hechos fundamentales. Primero, ha tenido el privilegio de estar siempre situado en el estratégico cruce de unos caminos que comunicaban entre sí ciudades importantes. Y segundo, esta privilegiada situación atrajo a gentes de distintas razas, cada una de las cuales aportó sus conocimientos y sus costumbres. De esta diversidad surgió una convivencia variopinta de agricultores, hortelanos, pastores, gestores, soldados, comerciantes, artesanos y religiosos, que, integrándose entre sí, crearon un pueblo que fue capaz de imprimir un crecimiento mayor y más sostenido que el de los pueblos que le rodeaban. Porque en la carrera de la historia otras ciudades de nuestro entorno surgieron antes. Pero luego Tarancón realizó su remontada y hoy es una de las tres ciudades más importantes en el camino de Madrid a Valencia, y la cabeza de partido judicial de mayor número de habitantes de la provincia de Cuenca.
Poco a poco sucedió así. Nació Tarancón, según la tradición, en tiempo de los romanos, que conquistaron la Península Ibérica y la gobernaron durante más de siete siglos. Había entonces por la Alcarria y por La Mancha una serie de aldeas y de pequeñas ciudades, muy dispersas, habitadas principalmente por Celtíberos y Carpetanos. Los romanos, que llegaron a conquistar un inmenso imperio alrededor del Mediterráneo, habitado por más de 50 millones de personas, trajeron una cultura y un modo de gobernar, tan adelantados y tan modernos, que sus influencias aún impregnan nuestras vidas. Enseñaron esta cultura a los pueblos conquistados. Entre otras obras engrandecieron o fundaron muchas ciudades por todo su vasto imperio. Y lo que fue transcendental, construyeron una gran red de comunicaciones y las pusieron en contacto a todas entre sí. Fueron calzadas romanas. Se decía con verdad que todos los caminos conducían a Roma. Esto facilitó el paso de sus legiones. Y, sobre todo, lo que es muy importante, propiciaron el intercambio de productos y manufacturas; con ello potenciaron el comercio, cuyos principales polos de mayor desarrollo coincidían muchas veces en los cruces de caminos.
En nuestro entorno fundaron Ercávica, Valeria y Segóbriga. Y desde los alrededores de Segóbriga surgió una encrucijada de caminos que conducían a lo que hoy son Toledo, Alcalá de Henares, Sigüenza, Cartagena y Sagunto. En esta encrucijada de caminos aparecieron con el tiempo dos asentamientos humanos, Riánsares y Tarancón.
Durante la dominación romana el cristianismo, que se había extendido imparable por todo el imperio, fue como sabéis perseguido, hasta que el emperador Constantino proclamó su conversión y desde entonces somos legar y oficialmente cristianos.
Luego el imperio romano decae y es invalido por los bárbaros del norte. A España la conquistan los visigodos que reinan durante 3 siglos. Los visigodos eran cristianos, pero pertenecían a la herejía arriana, la cual tenía en menor estimación a la Virgen. Cuando Recaredo se convierte al catolicismo enaltece su figura, y tomó una decisión que se convirtió en Estrella de nuestro destino. Fundó un convento de monjas en Riánsares y entronizó una imagen de Nuestra Señora, que se llamó desde entonces Virgen de Riánsares. Tal vez lo hizo, porque en aquel cruce de caminos quiso poner un faro espiritual donde los caminantes la venerasen.
Más tarde los musulmanes nos invaden y, en pocos años, llegaron hasta el norte, donde son derrotados por D. Pelayo en la batalla de Covadonga. Allí comienza una larga Reconquista de 7 siglos de duración, hasta la toma de Granada. Por nuestra región esta reconquista se hizo durante el siglo XII. Debemos a los árabes la traída de las aguas y la construcción del Caño Gordo y del Caño Chico.
Así pues hemos visto como durante el primer milenio y comienzos del segundo se va forjando nuestra raza. Es el resultado de la mezcla de muchos pueblos. Tribus prerromanas, romanos y visigodos se integraron primero formando el núcleo de los “cristianos viejos”. Llegan luego los musulmanes, y los judíos, que tras ser expulsados de Jerusalén se extendieron por todo el mundo. Algunos de estos musulmanes y judíos se convirtieron al catolicismo, y añadieron, como “cristianos nuevos”, sus costumbres y conocimientos al fortalecimiento genético de la raza común resultante. Por otra parte, en el extraordinario libro que sobre Tarancón ha escrito D. Dimas Pérez Ramírez, y donde se cuenta todo, o casi todo, aparecen una serie de apellidos de aquellos primeros tiempos. Son estos los Alvarado, Bustamante, Cano, Cárdenas, Parada, Pascual, Velasco, etc. De ellos, los Cano pudieron ser originarios de Guadalajara, Toledo y Cuenca. Pero la mayor parte de los otros proceden de la repoblación que de nuestras tierras hicieron gentes venidas del norte: gallegos, asturianos, cántabros, vascos, navarros y castellanos. De todo este maridaje polivalente surgieron las gentes de nuestro pueblo, gentes recias y orgullosas, tenaces y hospitalarias, que han conducido Tarancón al estimable desarrollo de nuestros días.
Esto que voy a leer ahora son algunos daos que he entresacado de su historia más reciente.
Tarancón perteneció en principio a Uclés, como aldea dependiente de su jurisdicción. Pronto se fraguó una rivalidad secular y creciente entre ambos pueblos dada la importancia que paulatinamente adquiríamos. Hasta que en el año de 1537, y por voluntad del Emperador Carlos V, Tarancón se convierte en Vila, porque en su crecimiento había alcanzado ya más de 400 vecinos. Desde entonces sus alcaldes tenían los mismos poderes que lo de Uclés. Solo rendían causas mayores en la jurisdicción de Ocaña, que era entonces la capital de la provincia. Luego, Felipe II confirmó definitivamente este privilegio de Villazgo en 1590.
Un año más tarde, en 1591, y en información obtenida del Censo de la Corona de Castilla, consta ya que Tarancón tiene los siguientes datos de población.
Nº. de vecinos 846 equivalente a 3.800 habitantes.
De ellos eran:
  • Pecheros: 778.
Digamos para entendernos, artesanos y labriegos en general
  • Hidalgos: 51.
Los que habían conseguido cierto grado de nobleza.
  • Clérigos. 17.
Llama la atención la cantidad de hidalgos, nada menos que 51. Por entonces, enla valoración de un pueblos, era muy importante la cantidad de hidalgos que tenían. Y sólo tenían más que Tarancón en toda la provincia, Ocaña, que como capital estaba en todo su esplendor, y Corral de Almaguer, que tenía el doble de habitantes, pero proporcionalmente les ganábamos.
El nombramiento de hidalgo se hacía por méritos contraídos. Entre ellos estaba el de aquellos que tenían 11 o más hijos vivos, de los cuales 8 eran varones. O bien 7 hijos varones consecutivos. El humor del pueblo, en el que nunca faltó la agudeza y el ingenio, en base a estos acreditados méritos procreadores, les llamó con sorna y picardía, “hidalgos de bragueta”. Pero bromas aparte era un gran mérito en aquellos tiempos tener y mantener tantos hijos vivos. Pienso yo, que de aquellos 51, en un pueblo como el nuestro, de hombres valientes, mujeres guapas y madres abnegadas, más de uno habría.
Y andando el tiempo, no un hidalgo, sino un Duque tuvimos. Un apuesto taranconero, que con el mérito de su figura y su afabilidad, sedujo a una Reina, despertando en ella tal pasión, que rompiendo todos los convencionalismos se casó con él a los tres meses de haber muerto el Rey. Dios bendijo a la pareja con ocho hijos. Fue un hombre entregado a la vida familiar y a la protección de artistas. Embelleció su pueblo. Se apartó cuanto pudo de la política, pero alguno de sus hijos, como hermanos de madre que eran de la Reina Isabel II y de la Infanta Luisa Fernanda, emparentaron con príncipes y grandes de la nobleza europea.
Más tarde, en el diccionario de Madoz, publicado entre los años de 1845-1850 aparecen nuevos datos de Tarancón en los que ya se aprecia un notorio progreso y se evidencia claramente su destino de pueblo comerciante e industrial.
Estaba habitado por 4.375 almas.
En agricultura, nuestros campesinos luchando muchas veces esfuerzo llegaron a obtener cosechas excedentarias, que permitieron el autoabastecimiento del pueblo, y con el sobrante crear el primitivo núcleo comercial de Tarancón.
En comercio, se vendía grano y vino, y se importaban otros artículos de primera necesidad, como arroz y bacalao, todos los cuales se llevaban a su mercado que se celebraba los jueves de cada semana y al que concurrían todos los pueblos inmediatos. Se llevaba también a la Corte el grano y, de manera especial el vino, donde era muy apreciado por su buena calidad.
En el capítulo de servicios aparecen 5 posada y 1 parador muy estimado, en el que se disfrutaban todas las comodidades. Había también todos los oficios indispensables, 1 oficina de correos, que era la principal de la provincia, 1 hospital, y 1 escuela para niños y 1 para niñas.
En la industria se contaban, aparte de las necesarias bodegas para elaborar y almacenar el vino con 11 molinos de aceite, 1 máquina de presión para aceite, 1 molino de viento, 11 hornos, 1 tahona y 47 telares.
Desde entonces hasta ahora la población de Tarancón se ha triplicado, sobre todos su crecimientos ha sido espectacular en la segunda mitad de nuestro siglo y su desarrollo, en concordancia con el que han seguido la vida y la sociedad en nuestro país, ha sido vertiginoso. Sus resultados, no hace falta describirlos, están obviamente a la vista de todos nosotros.
Permitidme finalmente que haga un canto de fe y de esperanza en Tarancón y su futuro. Estamos ante el comienzo de un nuevo milenio, que ha de traernos beneficios al estar nuestro país dentro de la Unión Europea, y de su unificación monetaria. Esto nos conducirá a la necesidad de afrontar distintas y más complejas competencias. Es un reto difícil, pero apasionante. Yo creo en Tarancón y en su destino. Gozamos de las mismas buenas condiciones que le han elevado en la historia. Seguimos emplazados en la misma y beneficiosa encrucijada de caminos; las carreteras actuales siguen casi idénticos itinerarios a aquellas que trazaron los romanos y que nos convirtieron en lugar de privilegio. Y creo en los Taranconeros, que no temen al trabajo y al desafío. Tenemos que adecuarnos a los tiempos presentes, con inteligencia, que agudiza el ingenio en la visión del mejor proyecto, con fortaleza, para vencer y derribar obstáculos, con esperanza, que estimula las ilusiones, y con una gran fe en nosotros mismos. Se dice que la historia es maestra de la vida. Y también se dice que un pueblo es más noble cuando se siente orgulloso de los hechos de sus mayores. Pues vamos a aprender de nuestros antepasados. Y a no defraudarlos. Yo estoy seguro que vamos a hacer un Tarancón mucho más grande y mucho más próspero, del que nosotros también nos sintamos luego orgullosos, desde el más allá, ante las generaciones que nos sucedan.
Taranconeros, que todos nuestros Santos, San Víctor y Santa Corona, Santa Águeda y San Blas, San Roque, San Isidro, San Juan y Santa Quiteria, bajo el manto acogedor y el infinito Amor de Madre de nuestra Virgen que interceda ante el Altísimo su favor. Ella no nos lo va a negar y, con tan estimable recomendación, allá se andará y lo conseguiremos.
Pero ahora estamos en nuestras tradicionales Fiestas y Ferias, y estos días no son tiempos de agobios ni de problemas. Son, por el contrario, momentos de evasión y de goce, y de pensar sólo y exclusivamente en disfrutar del merecido y bien ganado descanso. A ello nos ayudarán como incansables abanderados nuestras numerosas peñas. Bajo las luminarias que engalanan y embellecen Tarancón, entre el bullicio de atracciones y festejos, y también bajo esas otras luminarias de alegría, mucho más importantes porque brotan de nuestros corazones, que desean desbordarse limpiamente, disfrutad y divertíos.
Disfrutad a tope, como ahora se dice.
Así os lo deseo, con un fuerte abrazo.

JOSÉ DOMINGUEZ GARCÍA DE LA PLAZA
Artículo que se puede encontrar en el Programa de Fiestas Patronales de Tarancón
Año 1999

martes, 19 de julio de 2016

LA HERÁLDICA DE NUESTRA CIUDAD TARANCÓN, Y SUS DISTINTOS AVATARES

LA HERÁLDICA DE NUESTRA CIUDAD TARANCÓN, Y SUS DISTINTOS AVATARES



 A la memoria de “nuestra Reina Taranconera” Dña. María Cristina de Borbón, que con la traída de nobles, con sus blasones, consiguió hacernos “Corte Manchega”, donde se celebraban grandes bailes fastuosos y otros, todavía no reconocidos. El autor. Para los legos en el tema, copio del Diccionario de la Lengua Española; Heráldica: “El escudo de armas, es la pieza heráldica más importante, por cuanto forma el campo donde se representan las figuras o blasones de un reino, ciudad, o familia”. En el anterior corto texto, hemos leído, las tres denominaciones utilizables para representar la susodicha: Heráldica; escudo y blasón, como veis pueden usarse indistintamente y siempre se hace de forma correcta.
Servidor, con este artículo, intentará salir lo más airosamente posible, de “aquello” que nos debe importar y ¡mucho!, sobre todo al nacido/a y bautizado/a, con “agua del Caño Gordo”, incluso mucho emigrante (yo también lo soy) que se integraron totalmente entre ls oriundos, echando raíces.
La primera noticia gráfica, que tenemos de nuestro escudo, se la debemos al reverendo Sr. Cura Párroco, Dr. Barra (?), Ver dibujo número 1, está hecho toscamente, como vulgar apunte de dibujo, se supone que para hacer otro mejor, asimétrico, así como la lectura Tarancón; en los símbolos de los Patronos, por aquel entonces San Víctor y Sta. Corona aunque si están puestos en su lugar correcto, éste último es lo menos parecido al que correspondería: Corona; en la puerta del Castillo un borroso trazo negro, se supone que representando al Trancón (?) todos estos fallos pudieran deberse al desconocimiento del dibujo por parte del autor, aunque hay que agradecerle eternamente su loable propósito imperecedero que nos legó, para las próximas generaciones, por tanto, ¡Ahí está!, con su pionerismo heráldico.

La representación “mutilada” (espero no haber cometido una irreverencia con ello) de los números 2 y 4, de los dos cuadros de nuestra Patrona de Riánsares, libro; Santuario Mariano en los confines de La Mancha, del Ilmo. Dimas Pérez Ramírez nos presentan el escudo, con el añadido de la Cruz-Espada de Santiago, patrón de España, Orden del mismo, de la cual era nuestra dependencia; un tanto oscurecido el 2, sin su punta de espada, en ambos aparecen por Primera vez los Ansares, aves palmípedas, semiacuáticas, os desde ese mismo instante, históricos e imprescindibles, y que debieron bautizar, con el añadido de la RI, de la primera sílaba río, ¿pudo ser así?, nada menos que al “aprendiz de río”, tanto Madoz, como Ponz, así lo nombran, en sus inolvidables y amenos escritos, por su escaso caudal, sobre todo en época estival, con el de Riánsares, así como Nuestra Excelsa Patrona y posterior adopción de los Primeros Duques de Riánsares, “Reina Taranconera” Dña. María Cristina de Borbón y Borbón y Don Fernando Muñoz Sánchez, preclaro hijo de la entonces ya Villa, y la de miles de taranconeras bautizadas hasta hoy.

El número 3, sobre peana del cuadro de la Virgen rehabilitación total de la Cruz de Santiago, añadiendo su punta de espada, en todos ellos sin más lectura que Tarancón, el Trancón, aparece en el arco de arriba/abajo, de izquierda/derecha, visto de frente.
Origen de historia, tendríamos que retrotraernos al libro de Félix Manuel Martínez Fronce “Introducción al Tarancón Primero” y época de la España Tarraconense como celtíberos, si es que éstos en su ocupación conquense, llegaron hasta aquí, Dimas Pérez, escribe en su Tarancón en la Historia, página 111; Fue en lo antiguo Aldea de Uclés, y dicen unos se llamó Taraco, otros Trancón, (¿es por ello ese actual nombre?)… hasta que en el año 1537, el día 26 de noviembre, el Señor Carlos V la hizo Villa, estando la Corte en Valladolid. Pasaron más de ¡Tres Siglos! Desde que nuestro Emperador Carlos I de España y V de Alemania, nos concedió el Honor y Privilegio del título de Villazgo (el pasado año 2000 se cumplió el 5º Centenario de su nacimiento, en Gante) el original, en pergamino, (un mini tesoro) se conservaba en el Archivo Municipal, pero desapareció (como tantísimas cosas de valor histórico) durante la Guerra Civil Española, 1936-1939.

Del número 5, no he podido encontrar datación más o menos exacta, aparece en un cuadro de Nuestro Patrona, pero muy difuso, he tenido que rehacerlo totalmente, incluyendo la palabra Villa, en su exacto lugar, es el primero, en el que aparee la zona o espacio que se supone el Río, sin ánsares todavía, al pie del Castillo, de igual modo el Trancón, si sitúa de derecha a izquierda, en los cuatro primeros, los espacios del cielo encima del castillo, ¡lógico!, el 1 y 3, están con fondo blanco, 2 y 4, algo oscurecidos. Estos cinco primero guardan cierta cronología, el resto son acronológicos, en razón de su dibujo o aprovechamiento de espacio.

Dichoso número 6, me dio mucho que pensar y no he tenido más remedio que ser crítico y “mojarme”, pues todo él, está hecho de un cúmulo de despropósitos, veamos; Está en el reverso, ¡menos mal!, del magnífico-extraordinario, estandarte de la Hermandad de Nuestra Patrona de Riánsares, en su anverso, el que nos ocupa; en óvalo, sobre fondo azul, simula un mini-pergamino, raro por demasiado irregular; superpuesta la Cruz-Espada de Santiago, más bien puñal, por su escasa longitud, desde su empuñadura al final en punta; la lectura se cambia graciosamente el Ilustre por Noble, este clásico desde sus inicios, aunque quiera decir lo mismo, los laterales de la cruz, nunca han sido mayores que el superior; como mucho iguales; los Víctor y Corona, están invertidos; el Castillo, tiene doble fila de piedras en su arco, ¡único!; las almenas (¿romanas?) están incompletas, faltas de piedra sobre el arco y el Trancón, madera, ¿descansa?, sobre el agua del río, está de color marrón, por lo que no guarece la puerta, directivos de la Hermandad (de la que tengo el honor de pertenecer, junto a mi familia) en cuanto tengáis un “hueco físico y económico”, reparad este “completísimo desaguisado”, en bien de la “colectividad riansareña” y el de nuestra ciudad, buscando un buen dibujante calcador, pues “todo está hecho” y bien hecho, desde largos siglos. 
Número 7, el escudo sobre el pergamino, le da “más aire de nobleza”, de la que ya posee en su lectura-visión, no hubiera estado de más, colorear del que les corresponde, la puerta y el río, incluyendo ánsares.











Números 8, 9 y 10, los dos primeros de la inolvidable revista Malena, el último de un programa de Fiestas y Ferias, ¡hizo tantísimos!, son del ínclito e igualmente inolvidable Emiliano Lozano “Loza” (no tengo la suerte de tener ningún cuadro suyo, para donarlo al futuro museo, animarse los que los tengáis). El último demuestra su gran dominio como geómetra y de la pintura en toda su amplitud, y no me creo capaz de hacer crítica alguna, pues “todos” tiene su “aquel”.












Número 11: por el motivo para el que fue hecho, está muy bien logrado, fuimos, y creo que aún lo somos, una buena zona vitivinícola, y la mano “haciendo el mosto”; así lo demuestra, servidor hubiera respetado la clásica lectura, acomodando en la parte inferior “PEÑA EL MOSTO”.


Número 12: Entrañable y nostálgico, para mí, pues fue creación del que esto escribe, con la colaboración del polifacético deportista Eusebio Fraile Ruiz, al crearse el Club que indica la leyenda, su sencillez y los Aros Olímpicos lo dicen todo, año de 1956.


Número 13: Este es otro Loza, lo elegí, entre un sinfín de ellos, para mi libro sobre: Los Practicantes y A.T.S.; D.U.E, Matronas Taranconeros, pues creo que es el más logrado, de cuantos existen, me explico: La Cruz-Espada de Santiago, la veo armoniosa; la superposición sobre ella del “cuerpo escudo” genial; la lectura en letras blancas, nítida; fondos azulados, igual al cielo y el agua de nuestro río, sobre ésta tres ánsares, quizás no muy visibles, aunque parte importante de Nuestra Historia; el Castillo-Castillo; la puerta y el trancón, impecable y el Víctor y Corona en “su lugar”.

Número 14 y 15: He confeccionado, el que creo debe ser el último escudo “creación taranconera”, respetando cuantos textos existen al respecto; continente y contenido clásicos; lectura actual, nos fue concedido el título de CIUDAD en el año 1921; el cielo azul celeste, algo vivo; el río azul claro, el agua como todos sabéis es incolora; los ANSARES, blancos; tienen algún toque de gris claro, con pico amarillo; Víctor y Corona en su lugar y color; Castillo, puerta y trancón, con tono apropiado. El 15 duplicado del 14, pero con un IMPORTANTÍSIMO AÑADIDO, sobre el inicio de la Cruz-Espada y encima de CIUDAD, CORONA REAL, somos una MONARQUÍA CONSTITUCIONAL Y nuestro JEFE DE ESTADO,  es el actual REY DE ESPAÑA, DON JUAN CARLOS I, de Borbón, cuyos ancestros, Reina Doña María Cristina de Borbón, que tanto tiene que ver con “nuestra historia taranconera”. Anecdóticamente, los Reyes de España, nos concedieron el HONOR, de visitarnos y departir, con las gentes de cualquier clase social, durante varias horas, el año 1977, del que no conozco, exista placa alguna que perpetúe tan histórica visita, aunque sí testimonio escrito, en el LIBRO DE HONOR de la ciudad.


Número 16: Existían por aquel entonces, cuatro órdenes militares españolas: Santiago; Alcántara; Calatrava y Montesa. La primera y “nuestra” Orden de Santiago, fue fundada en 1170, ésta pasó a Castila, gobernando el rey Alfonso VIII, éste entregó la Orden a la Villa de Uclés; del por qué de nuestra dependencia, como villorrio de ésta. El emblema de la que nos ocupa, lo adoptó aquélla, dándole el nombre de; Cruz Espada de Santiago, puesto que éste, Santo y Patrón de España, era el ARMA, que utilizaba para combatir contra el enemigo.





Julián Martínez Fronce

Artículo que se encuentra reflejado en el Programa de las Fiestas Patronales 
Año 2001

PREGON DE FIESTAS 1997

PREGON DE FIESTAS 1997



PERMITIDME que este pregón no lo empiece como debería empezarse un pregón de fiestas, saludando al Ilustrísimo Señor Alcalde, a la Corporación Municipal, a las Autoridades, a la Reina y Damas de Honor, a todos vosotros y a los taranconeros y taranconeras todos, diciendo: ¡Alegraos, estamos de fiesta!
Eso sería lo lógico, lo normal, pero para nosotros, unos porque sois taranconeros de pura cepa, otros que, aunque no hemos sido bautizados con el agua del Caño Gordo, llevamos sangre taranconera en nuestras venas, y otros muchos, los que, por circunstancias de la vida, habéis venido a vivir a la noble ciudad de Tarancón y en ella os sentís como en vuestra propia casa , el pregón de las fiestas tiene que dirigirse, en primer lugar, ala que es nuestra Madre y en cuyo honor vamos a vivir estos días de forma especial. Me refiero, lo sabéis muy bien, a nuestra Señora, la Virgen de Riánsares, a la que desde este estrado, y en nombre de todos vosotros, le pido que vuelva a nosotros sus ojos misericordiosos, que nos cobije bajo su manto, para que estos días, estas fiestas, sean días de paz, de felicidad, de alegría, de hermandad, días en los que desaparezcan las envidias, las rencillas y, si los hubiera, los odios: días en los que a la Virgen le repitamos muchas veces que siempre, también en medio de la diversión de estas fiestas, nos muestre a Jesús, Fruto bendito de su vientre, para que nunca nos olvidemos de Él.
Ahora sí, después de haber vuelto nuestra mirada a la Señora, o mejor, a la Madre ¡qué palabra tan hermosa y, más si con ella nos referimos a la Virgen!, puedo deciros con todas las fuerzas de mi voz, una voz que no sale de la garganta sino de lo más hondo del corazón: ¡Taranconeras, taranconeros, Alegraos, estamos de fiesta!.
Hablar a Tarancón de sus Fiestas debería hacerlo alguien que las conociera bien, que tuviera una bella prosa o unos cadenciosos versos, que fuera capaz de inflamaros hasta tal punto que salierais de aquí saltando, lo diré mejor con una palabra taranconera, “galopeando” de alegría y, sin embargo, aquí me tenéis a mí que nada de eso se me da bien, me tenéis, exclusivamente, por amabilidad de vuestro Ayuntamiento y de la Comisión de Fiestas.
Estoy entre vosotros sin más títulos que el aprecio que siempre me ha demostrado este noble pueblo, afecto al que, odéis estar seguros., siempre he procurado corresponder y el orgullo de estar entre los míos, sí, lo digo con orgullo, entre los míos, ya que es taranconera, desde tiempo inmemorial, la sangre que corre por mis venas.
Hablar a Tarancón de sus Fiestas, os decía, tendría que hacerle alguien que las conociera bien, no este cura que ¡Dios sabe cuántos años hace que no empiezo las fiestas el quince de agosto viniendo con la imagen de la virgen desde la Ermita a la Iglesia parroquial!. En esa procesión más de una vez me tocó dirigir el Rosario cantado, por cierto, cuando se estaba acabando el quinto misterio, y aún faltaba mucho para llegar a la Iglesia, le preguntaba a D. José María: Y ahora ¿qué cantamos?. El respondía siempre por lo bajo: Sigue con el Rosario. Así, el quinto misterio, en vez de diez Avemarías, tenía cincuenta, sesenta, cien…., todas las que hicieran falta, acompañadas por el tañer festivo de las campanas de nuestra torre, la majestuosa Giralda manchega, hasta que llegábamos a la cuesta de las cuevas, donde el gentío ya era tal, y los Vítores a María Santísima de Riánsares tan clamorosos y continuos, que no había posibilidad de canto alguno.
Dios sabe también cuántos años hace que no paso bajo el Arco de la Malena para participar en la solemnísima novena de la Virgen; ni acompaño en la procesión su imagen, deslumbrante de luz: ni me sobrecoge la Salve gregoriana cantada por las Misioneras, cuando éstas tenían aquí su Convento, y la Carroza de la virgen se detenía ante las rejas de sus ventanas; ni me recorre un temblor por todo el cuerpo cuando la Víspera de su Fiesta oía la Gran Salve de Eslava y el Himno que nos habla de Recaredo, rey primero de este nombre, que tajo la imagen desde Toledo.
He sentido una gran alegría al saber que este Himno, olvidado durante años, ha vuelto a ser cantado y que, como el humo del incienso, sube desde vuestros corazones hasta el trono de la Virgen. Tengo que felicitaros, siento la necesidad irreprimible de daros la enhorabuena, porque habéis recuperado una costumbre, una tradición de vuestros mayores, y la habéis sabido hacer vuestra para trasmitírsela a las nuevas generaciones.
También hace muchos años que no corro ante la “vaquilla enmaromá”: ni tengo que dar brincos que no me quemen los pies las chisporroteantes carretillas que suelta el “torillo de fuego”; ni me lo paso en grande embistiendo con el coche de choquetones a los que en otros coches circulaban por la pista; ni me lleno los bolsillos de pipas, cogidas en el camarón de la casa de mi abuelo, para comerlas en el cine Rey o en el Alcázar mientras disfrutaba con las películas de Ken Maynard y su caballo Tarzán; ni bajo a la plaza para escuchar la música que la Banda tocaba en el Kiosco; ni me sumo a los gritos de admiración cuando en la eras de la “Mora Encantada” los fuegos artificiales estallaban en un blanco como el albayalde; ni oigo citarse a los mozos y a las mozas para participar –a mi nunca me dejaron porque era niño- en el “galopeo final de fiesta”, galopeo que comenzaba en la Tejera, cuando en la Tejera no había casas porque estaba a las afueras del pueblo, cuando en la Tejera se hacían ladrillos y tejas, y acababa de madrugada, con los últimos compases de la música, normalmente un pasodoble, en la Plaza, ante el Ayuntamiento.
¡Cuántos recuerdos!, pero no penséis que soy de los que dicen que el tiempo pasado fue mejor, el tiempo mejor es el que tenemos, porque el que pasó, pasó, el que vendrá, no sabemos si vamos a disfrutar de él, el que tenemos es el único que podemos aprovechar para mejorar en todo lo que tenemos es el único que podemos aprovechar para mejorar en todo.
El que tenemos es el que nos abre las puertas al año 2000, estamos en el umbral del tercer milenio, milenio que todos deseamos sea mejor que el final del siglo XX, en el que, en algunos lugares continúan las guerras fratricidas y en otros, la miseria, la enfermedad y el hambre hacen estragos. Siglo XX que ha padecido dos guerras mundiales.
Los hombres, si queremos, podemos cambiar ese panorama, a ello nos invita a todos, especialmente a los cristianos, el Papa Juan Pablo II en su Carta Apostólica “Tertio millennio adveniente”. Podemos cambiar ese panorama sí cada uno de nosotros somos fieles en el cumplimiento de nuestros deberes, en casa, en el trabajo, como cristianos. Estos días de fiesta en honor de la Virgen tienen que hacernos pensar que cada uno de nosotros podemos hacer que el mundo cambie.
Recordad aquel dicho castellano “Seamos tú y yo buenos y habrá dos pillos menos”. Si todos y cada uno de nosotros nos esforzáramos en cambiar, en mejorar, en ser menos “pillos” ¿no estaríamos haciendo un Tarancón mejor?.
¡Qué cambio tan radical en el mundo si los hombres, superados los egoísmos, nos esforzáramos en ese cambio1.
A las puertas del año 2.000 no podemos permanecer como si nada pasara, como si todo tuviera que seguir igual. No estamos solos en esa empresa; en ese trabajo tenemos, somos cristianos, la gracia de Dios, la presencia de Cristo que nos ha prometido estar con nosotros todos los días hasta el fin del mundo y la protección maternal de la Virgen, a la que nosotros veneramos con el título de Riánsares.
Perdonadme esta digestión, más homilética que pregonera, lo reconozco, pero aunque he dicho que tenemos que cambiar, también, y en honor a la verdad, tengo que reconocer: ¡Cuánto, y para bien, ha cambiado y sigue cambiando Tarancón desde aquellos años de mi infancia!. Al menos, esa es la impresión que yo recibo en las frecuentes aunque meteóricas visitas que venga a hacer a mi familia.
Seguro que hoy las fiestas también han cambiado y para mejor, hoy hay más medios, hay más gente, hay también, y como entonces, muchas ganas de pasarlo bien.
Y ahora que hablo de pasarlo bien. Había en Tarancón algunos personajes curiosos que, por unas razones o por otras, nos alegraban, nos hacían pasarlo bien. Permitidme que recuerde a alguno. ¿Habéis oído hablar del “tío Línea”?. Era un hombre mayor, bonachón, simpático, alegre, siempre con su gorra calada, que hablaba en verso, al menos eso decía la gente, y aunque no era en verso, sin embargo hay que decir en su honor, que repentizaba unos pareados que tenían mucha gracia, a esto le llamábamos “los chistes del tío Línea”.
Recuerdo un día en que unos jóvenes, mozos se decía entonces, estaban en la esquina de Zapatería con Melchor Cano, uno de ellos tenía unos dientes tan grandes que se le salían de la boca, pasó por allí el “tío Línea” y el mozo de los dientes le gritó: “Tío Línea échenos usted un chiste”
Se volvió el tío Línea a ellos, y sin pensarlo, como si hubiera esperado que se le pidiera el chiste, dijo con voz muy solemne. “Por ser tan dientón eres el más feo de toda la reunión”.
Todavía recuerdo las risas estruendosas de los otros mozos y cómo los chavales, perseguidos por el de los dientes, tuvimos que poner pies en polvorosa mientras gritábamos: “Dientón, dientón, dientón”.
Muchos otros personajes podríamos traer a la memoria: Abundio, que salía detrás de nosotros amenazándonos cuando, a la puerta de la tienda en la que vendía imágenes de santos, le gritábamos, y no sé por qué: Abundio sin bastón, levita yesca. Esteba, hombre serio donde los haya, pero que cuando bebía un vaso de más, cosa bastante frecuente, la seriedad se le trocaba en guasa, se reía hasta de su sombra y le tomaba el pelo a todo el que se le pusiera por delante. Sería demasiado prolijo contar alguna de sus guasas, bástenos dcir que era de los que se dice: Tiene buen vino.
Estos son algunos de muchos personajes curiosos que ha tenido Tarancón, pero Tarancón también ha dado grandes hombres, en las ciencias, en las letras y en la milicia, algunos de los cuales viven entre nosotros, por no dejarme en el tintero a ninguno de éstos, quiero recordar sólo a dos de tiempo pasado: Don Fernando Muñoz, Primer Duque de Riánsares, quien, según dejó escrito el abogado y gran taranconero, D. Manuel de la Ossa, era “el hijo guapote de la estanque de Tarancón”, y que contrajo matrimonio con la Reina Regente María Cristina, ante el sacerdote D. Marcos Aniano, a quien Tarancón tiene dedicada una calle.
Melchor Cano, del que no resisto a contar un sucedido que puede, o mejor, que debe ser ejemplo para todos los nacidos y los no nacidos aquí, pero que llevamos a Tarancón en nuestra alma: Se celebraba el concilio de Trento, Melchor Cano era uno de los teólogos que tenían que intervenir. Cuando le tocó el turno de hablar, subió al estrado y expuso una doctrina preciosa, pero expresándose en un latín muy malo, tan malo, que hizo exclamar a uno de los Obispos asistentes: ¡Qué cosas tan bellas pero qué mal dichas!.
Aquellas palabras debieron herirle a Melchor Cano en su amor propio y, vuelto a España, después de la primera sesión del Concilio, en vez de profundizar en el estudio de la Teología, que era lo suyo, se dedicó a estudiar latín, y tan a fondo lo hizo que, tras su intervención en la siguiente sesión del Concilio, aquel Obispo de antaño no tuvo más remedio que exclamar, ¡Qué cosas tan maravillosas y que bellamente dichas!.
En pocos meses, gracias a su esfuerzo, a su tesón, a su fuerza de voluntad, de hablar un latín macarrónico, había pasado a hablar un latín ciceroniano.
¡Taranconeras, taranconeros!. Melchor Cano es un ejemplo a seguir. Esa fuerza de voluntad, ese tesón, es el que habéis de poner todos y cada uno de vosotros para que Tarancón sea lo que todos deseáis, lo que todos queréis, lo que deseamos y queremos los que, sin ser d aquí o sin vivir aquí, llevamos, sin embargo, en nuestro corazón el amor a este pueblo y, en nuestro pecho, la medalla de Riánsares.
¡Taranconeras, taranconeros!, manos a la obra, tenéis ante vosotros un futuro esperanzador, dejad a vuestros hijos, mejorado por vuestros padres, así seréis dignos de vuestros antepasados.
Y para concluir, un recuerdo, un agradecimiento, un deseo, una enhorabuena, un ofrecimiento y una oración.
Mi recuerdo para todos aquellos que, sin duda con más méritos, mayor conocimiento de causa y, por supuesto, con mejor prosa y mayor profundidad en los contenidos de sus pregones, me han precedido en esta tribuna.
Mi agradecimiento a ti, amigo Antonio, Alcalde de este pueblo que considero mío, a la Corporación municipal y la Comisión de Fiestas por invitarme a este acto y, ¡cómo no!, a todos vosotros por vuestra presencia en este pregón.
Mi deseo, que disfrutéis de estas fiestas haciendo de ellas, como os decía al principio, días de paz, de felicidad, de alegría y de hermandad.
Mi enhorabuena a los que habéis elegido a la Reina y Damas de honor como símbolo de la belleza, de la gracia y de la donosura de la mujer taranconera. Enhorabuena también a vosotras que, en vuestro ser y en vuestro comportar, habéis de haceros dignas del galardón con el que habéis sido distinguidas.
Mi ofrecimiento, de mí mismo a todos vosotros, si en algún momento, bien como José Luis Domínguez, hijo de los taranconeros Lorenzo y Concepción, bien como Canciller del Arzobispado de Madrid, pudiera seros de alguna ayuda.
Mi oración, una oración que brota del alma, una oración por todos nosotros, dirigida a la que es y tiene que ser para todos la verdadera Reina, no sólo en las Fiestas, sino en toda nuestra vida, y qué mejor oración que el estribillo de ese Himno del que antes hablaba y que, cantado por todo el pueblo, ha vuelto a resonar, como lo ha hecho durante siglos, bajo las bóvedas de la Iglesia: ¡Virgen de Riánsares pura, ruega por tu Tarancón.

JOSÉ LUIS DOMINGUEZ RUIZ
Artículo que se puede encontrar en el Programa de Fiestas Patronales año 1998

miércoles, 13 de julio de 2016

CENTENARIO DEL PADRE JULIAN OCAÑA PEÑA

CENTENARIO DEL PADRE JULIAN OCAÑA PEÑA


Apuntes Biográficos
Nace el 17 de agosto de 1914, en la calle que la expansión urbana de Tarancón del siglo XVIII denominó como Nueva ahora dedicada a su ilustre hijo Padre Ocaña.
Cursó la primera enseñanza con un maestro sin titulación, el tío Pedro, conocido como “El cojo de la casilla”, por haberle amputado una pierna el tren y trabajar de vigilante en una casilla del ferrocarril, abuelo de Francisco López Antona.
En el Tarancón de la época la enseñanza primaria oficial convivía con personas particulares dedicadas a la docencia sin tener titulación, entre las que se hicieron célebres Pedro Antona “el cojo de la casilla” y “el manco” Constantino Pulgar.
Su pedagogía consistía en trabajar machaconamente las materias instrumentales (lectura, escritura y cálculo), de lo que nos da buena cuenta el padre Ocaña, cuando el 28 de enero de 1926 se incorporó al seminario salesiano y obtuvo el primer premio de lectura en su clase. Don José Ríus Zunón, que más tarde sería Inspector de Enseñanza Primaria hablo en tono elogioso de aquellas escuelas de maestros sin titulación, entre los que destaca al Cojo de la casilla.
Su interés por la religiosidad comenzó como monaguillo en el convento de Franciscanos Capuchinos, que antes de la guerra civil era un tiempo filial de la parroquia y después de la guerra fue cedido a los Franciscanos Conventuales. En el convento había una imagen de María Auxiliadora, especial vocación mariana de la congregación salesiano, de cuyo culto se encargaba doña Juliana Domínguez.
Cuando en 1924 se inauguró el Hospital de Santa Emilia, donación del doctor Lozano, bendecida por el Obispo Laplana y Guía, él estuvo presente en la ceremonia y los sacerdotes de la parroquia le encargaron que fuera acólito de dicho hospital, que contaba con capellán propio y estaba cerca de su domicilio.
Un buen día, acabada la misa del capellán, se presentaron en el hospital cuatro sacerdotes salesianos buscando la posibilidad de decir su misa diaria; les dieron permiso y el monaguillo Julián se prestó a ayudar en las cuatro misas seguidas, pues todavía no se había establecido la concelebración.
La idea de los salesianos era ponderar las posibilidades de establecerse en Riánsares. Es muy probable que la distancia entre el pueblo y el santuario les hiciera desistir de su intento, pues en la época era un problema, tanto para establecer un noviciado como para un centro de formación profesional. La orden salesiana tardaría unos cuarenta años en volver a Cuenca, con un colegio de enseñanza media, cuyas instalaciones ocupa hoy día la Universidad de Castilla La Mancha.
En aquellos instantes sintió el aprecio de los salesianos, especialmente de don Alejandro Baltaini, que le animó para que se fuera a hacer bachillerato al colegio de la orden en Carabanchel, al que se incorporó el 28 de enero de 1926 y al año siguiente, con un grupo de alumnos prevocacionales fue enviada al noviciado de Astudillo (Palencia), donde permaneció hasta el verano de 1927 que se trasladó al nuevo aspirantado del Paseo de Extremadura. Terminado este ciclo, el 4 de Octubre de 1930 pasa al noviciado de Mohernando (Guadalajara).
En Mohernando le sorprende la proclamación de la República, el 14 de abril de 1931, y la subsiguiente quema de iglesias y conventos. Los superiores se plantean dispensar a los novicios para evitarles peligros. Su padre, Francisco Ocaña, marchó rápidamente a Mohernando para comprobar la situación de su hijo y, de acuerdo con los salesianos, decidió hacerse cargo de cuatro conquenses y algunos madrileños para reintegrarlos a sus domicilios.
Al novicio Julián Ocaña se plantea abandonar o seguir los estudios salesianos. Si decide seguir debe reincorporarse rápidamente al noviciado, para no perder el curso y tener que repetir. Su madre, temerosa, le aconseja quedarse en casa, su padre se inclina porque sea el mismo quien decida, argumentando que “nunca pasará más de lo que Dios permita” decide volver a Mohernando.
El 12 de octubre de 1931 hace su primera profesión, cuando el Prefecto General ya había preparado una casa en Bélgica, por si la orden era dispersada o expulsada, como ya había ocurrido con los jesuitas.
Durante el curso 1930-31 prepara el noviciado y en el siguiente profesora en la orden salesiana realizando los estudios de Magisterio y Filosofía, incluidas tres años de prácticas en los colegios salesianos de La Coruña, Madrid y Salamanca.
Al empezar los estudios de teología explota la Guerra Civil y es asaltado el seminario de Carabanchel, en el momento en que él estaba impartiendo clase de música a los novicios. Detenido con todos sus compañeros de estudios y profesores se vio ante un pelotón de ejecución hasta que uno de los mandos gritó que no dispararán porque había que interrogarlos sobre la sublevación militar. Tras varios días detenidos un teniente Guardias de Asalto, sorteando el peligroso camino hacia Madrid, consiguió llevarlos a la Dirección General de Seguridad donde la misericordia de alguno de sus responsables los dejó en libertad para que buscaran refugio donde pudieran. Él logró llegar a casa de unos tíos suyos, en Madrid, allí estuvo varios días escondido hasta que llegó a rescatarlo su cuñado Francisco López Antona, con documentación preparada al efecto para que no fuera detenido en el viaje por ferrocarril a Tarancón.
En su libro de poemas “Como el Agua (Tarancón, 1991) hace una ofrenda a sus compañeros mártires que profesaron en la orden con él, el día 12 de octubre de 1931: “Segaron vuestras vidas en la flor de la vida,/ arrasaron con odio, un camino de amor./ El martirio fue sólo una puerta, hecha herida,/ por la que caminasteis a una vida mejor”.
Llegada a su pueblo se incorporó a la imprenta familiar que regentaba su cuñado Francisco López Antona, la histórica “imprenta Antona", hace pocos años desaparecida emblema de la tradición tipográfica de Tarancón.
En la imprenta aprendió el oficio de tipógrafo, se afilió a la correspondiente sección del sindicato de UGT, como todos los tipógrafos de Tarancón, y la secretaria del partido Comunista le facilitó, sin pedirlo, un carnet del partido, que en aquellos momentos era el mejor aval para circular libremente y sin peligro.
Movilizado con su quinta, en el año 37, se incorporó al ejército republicano en el servicio de transmisiones de la 16 División que luchaba en los estertores de la batalla del Jarama. En sus ratos libres se dedicaba a dar clase a los soldados analfabetos, lo que le valió ser destinado a las “Milicias Culturales”, como maestro auxiliar del ejército republicano.
Sucesivos traslados de su división lo llevaron a la batalla del Ebro y la postrera huida hasta la frontera francesa, que se negó a cruzar, siendo hecho prisionero por la división falangista “Flecha Azules”. Tras un periodo de instrucción lo destinaron al regimiento de caballería “Farnesio”, luego al “San Quintín” y finalmente al cuerpo castrense, aunque todavía no era presbítero, del hospital de sangre de Salamanca, donde tuvo muy poco trabajo ya que la mayoría de los ocupantes eran moros. Por ello decide dedicarse a dar clase en el colegio salesiano de María Auxiliadora.
Terminada la guerra civil finaliza sus estudios de teología y se ordena de presbítero el día 30 de mayo de 1942, celebrando su primera misa en Tarancón el 3 de junio del mismo año.
Tras una intensa vida de trabajo religioso y educativo, como se verá más adelante, en 1993 contrae una grave enfermedad de la que una breve recuperación le permitió volver a Tarancón y visitar Riánsares en 1994.
El 26 de noviembre de 1994 entregó su alma a Dios después de prestar un ejemplar servicio a la iglesia, a la educación, a la formación profesional y a la sociedad.


Educador y salesiano
Ordenado sacerdote es nombrado administrador del seminario de Astudillo y al año siguiente director del mismo establecimiento, cargo que compatibilizó con el de capellán de las Clarisas, Hijas de la Caridad y de la Adoración Nocturna, así como la de consiliario de la Asociación de Antiguos Alumnos.
Tres años más tarde es nombrado director del colegio salesiano de enseñanza media “María Auxiliadora”, en Salamanca, Delegado de la Federación de Amigos de la Enseñanza (FAE) por ese distrito universitario y miembro de la Sociedad Española de Pedagogía, del Consejo Superior de Investigaciones Científicas.
En el año 1953 es trasladado a Madrid como rector de la Institución Sindical “Virgen de la Paloma”, que los sindicatos del régimen habían confiado a la orden salesiana por su tradición prestigio en la Formación Profesional. Permanece seis años en el cargo consiguiendo hacer del centro el más acreditado manantial de profesionales, en las distintas ramas laborales, donde la naciente industrialización española buscaba especialistas, aunque no hubieran terminado el ciclo formativo asignado a la profesión. El padre Ocaña era conocido en todo el ámbito empresarial y educativo, al mismo tiempo que gozaba del afecto de los miles de alumnos que frecuentaban las aulas de “La Paloma” y era estimado por el competente profesorado. Con la Logse el centro fue reconvertido en “Instituto de Educación Secundaria Virgen de la Paloma”.
La Institución Sindical Virgen de la Paloma no sólo fue un centro modélico en la Formación Profesional, también fue una referencia obligada en el nacimiento y desarrollo de la Psicología escolar y laboral, con el equipo que dirigía el doctor Secadas, que elaboró gran cantidad de material psicotécnico, introdujo matemáticas avanzadas en psicología y realizó numerosos estudios en el campo de la orientación de estudios y profesiones.
En el año 1959, al amparo de la Ley de Formación Profesional Industrial de 1955, la jerarquía eclesiástica toma el acuerdo de crear el Secretariado Nacional de Formación Profesional de la Iglesia, ya que son varios los institutos religiosos dedicados a este sector educativo, en el que la iglesia había sido precursora. Para la dirección del nuevo organismo eligen a don Julián Ocaña Peña, tanto por el mayor peso de su orden en este tipo de formación como por el indiscutible prestigio del rector del ”Virgen de la Paloma” y la cantidad y calidad de las enseñanzas que allí se impartían.
Cuando vio que la edad hacía mella en su capacidad de trabajo pidió el relevo en la dirección del Secretariado Nacional de Formación Profesional, aunque no pudo evadirse del campo al que estaba adscrito, pues sin transición cronológica fue nombrado Inspector General de Formación Profesional de la Iglesia, de la Comisión Episcopal de Enseñanza y Catequesis.
Por su condición de director de “La Paloma” fue designado miembro del Comité Nacional de los Concursos de Formación Profesional y Artesana, que iniciaron su andadura en el año 1950. Hasta 1975 se habían convocado veintidós concursos, diez de ellos en España, siete de los cuales en la Institución Sindical Virgen de la Paloma. En todos estos certámenes internacionales participó como observador español, viajando a Alemania, Bélgica, Reino Unido, Irlanda, Italia, Japón, Portugal y Suiza. En virtud del mencionado cargo asistió a Muestras Didácticas, Coloquios y Seminarios  nacionales e internacionales de Formación Profesional.
En el año 1967 fue invitado al Congreso Interamericano de Educación Católica celebrado en Sal Salvador, circunstancia que aprovechó el Presidente de dicha República para pedirle opinión sobre la formación Profesional en la Escuela Superior del Ejército y las posibilidades de ampliación de las Escuelas Profesionales en la república hermana.
El mismo año 1958 es nombrado Consejero Nacional de Educación y dentro del Consejo, Secretario de la sección cuarta, dedicada a la Formación Profesional y Técnica, Asuntos Internacionales y Enseñanza Artística, cargo en el que permanecerá hasta 1975.
Desde 1968 coincidió en el Consejo con don Eugenio López y López, que siendo gobernador civil de Cuenca fue nombrado Director General de Enseñanza Primaria y tenía lazos familiares en Tarancón. Las circunstancias económicas de la época hacían difícil la creación de institutos de Enseñanza Media, que Tarancón había perdido en el año 1936. Desde el Consejo Nacional de Educación ambos estudiaron la forma de dar a Tarancón y comarca el deseado instituto, salvando los posibles obstáculos que se podían a presentar.  La solución ideada fue crear un Instituto Laboral, que impartiría esta rama de bachillerato, para luego transformarlo en instituto general de enseñanza media. Como recordarán los primeros alumnos matriculados en el primitivo centro, ahora “CEIP Gloria Fuertes”, su primer nombre fue “Instituto Laboral Francisco Ruiz Jarabo” y poseía una nave adosada, todavía perceptible exteriormente para la instalación de talleres de formación profesional.
En los Planes de Desarrollo, que inició el ministro López Rodó en la década de 1960, formó parte de las comisiones de Enseñanza Profesional y Técnica, Comisión Nacional de Promoción Educativa, Junta Central de Formación Profesional, Patronato de Igualdad de Oportunidades (PIO), Junta de Enseñanzas Náuticas, Patronato de Protección al Estudio, Comisión Evaluadora de la L.G. de E., Delegado español en la reuniones del Consejo de Europa, asistente al Coloquio Europeo sobre Formación Profesional celebrado en Alemania, Director del Centro Salesiano de Pastoral Juvenil, Director de la Casa Inspectorial y delegado en cuatro capítulos de la Orden Salesiana.
Honores y condecoraciones
En los primeros años de la década de los sesenta le fue concedida la Encomienda de la Orden de Alfonso X el Sabio, que le fue impuesta en el homenaje que le tributó su pueblo de nacimiento, en unión del general Domínguez Catalán y el científico doctor Morcillo Rubio, los tres nombrados hijos predilectos de Tarancón.
-          Medalla Plata de la Juventud.
-          Medallas de Bronce de la Juventud, conmemorativas de los Concursos Internacionales de Formación Profesional.
-          Emblema de Oro del Patronato de Formación Profesional “San Valero” de Zaragoza.
-          Doctor Honoris Causa, en Ciencias de la Educación, por la Universidad Pontificia Salesiana de roma. Su lección magistral versó “La Formación Técnico-profesional en España a los 100 años de la visita de Don Bosco”.
Su obra educativa e idea pedagógicas:
Tanto el poder civil como el eclesiástico recurrían al salesiano don Julián Ocaña Peña para cuantos asuntos hacían referencia a la educación y, sobre todo, en relación con la formación Profesional. La llegada al ministerio de Educación, fue para él de incesante actividad con la preparación del célebre “Libro Blanco” la posterior Ley General de Educación y más tarde la puesta en marcha de su comisión evaluadora.
Desde mi visión personal, con 54 años de docencia en todos los niveles educativos, las numerosas leyes que he tenido que soportar y padecer, así como el conocimiento de la vida y obra de nuestro personaje, me permiten afirmar que la vida religiosa, civil y educativa del Padre Ocaña Peña encaja perfectamente con las dos premisas básicas que informaron El Libro Blanco previo a la Ley General de Educación de 1970:
a)      La educación es una inversión a largo plazo, de la que la sociedad debe sacar rendimientos.
b)      La educación debe ser un factor fundamental de integración social.
No cabe ninguna duda que la educación española, en general, y Tarancón, en particular, estarán en deuda permanente con este salesiano cuya humildad hacía brillar con más intensidad su personalidad; por donde asaba dejaba un destello imborrable de sonrisa, bondad y eficiencia.
Para el Padre Ocaña el basamento histórico del mundo obrero como centro de interés se encuentra Carlos Marx, León XIII y San Juan Bosco, el primero y el último prácticamente coincidentes en el tiempo. Desde un punto de vista teórico las corrientes de pensamiento se nutren del Manifiesto Comunista de Marx y de la encíclica Rerum Novarum de León XIII; en el orden práctico, para hacer frente al incipiente proceso de industrialización, la trayectoria la marcan las Escuelas Profesionales de San Juan Bosco.
Su pertenencia a la congregación de Don Bosco hacen de nuestro paisano un experto educativo eminentemente práctico para el que la teoría es un eslabón engarzado en una exigencia concreta. En su opinión la importancia de la Formación Profesional radica en que va dirigida a un sector social, “que lógicamente ha de ser el más numeroso de la sociedad y en el que está precisamente la clave de la productividad y del desarrollo de los pueblos, con la consiguiente repercusión en la paz y el bienestar social”. ¿Cuánto habrá políticos españoles capaces de darse cuenta de esta obviedad?
En el año 1960, siendo Secretario Nacional de Formación Profesional de la Iglesia, consciente de que las mujeres representan el 50% del género humano, toma la iniciativa de sondear a las empresas sobre las necesidades formativas de las mujeres que empleaban. El resultado fue desalentador, en algunos casos se decía que con que sepan firmar la nómina es suficiente, en otros las respuestas señalaban que cuanto menos instruidas menos conflictos.
Ante la atonía empresarial el padre Ocaña no se arredró y con un grupo de religiosas empezó a promocionar la Formación Profesional no reglada para la mujer. La iniciativa no fue estéril pues en el año 1986 se igualaba el número de mujeres y de hombres que cursaban Formación Profesional.
Un hombre encariñado de su pueblo
El padre Ocaña fue un hombre encariñado de su pueblo, al que venía siempre que tenía alguna ocasión. Aunque pasaba el tiempo en casa de su hermana y sus sobrinos, siempre visitaba a su numerosa familia desperdigada por los distintos barrios.
Personalmente lo encontré numerosas veces en la imprenta, ejercitando los más variados trabajos propios de la profesión, no por necesidad sino como vuelta a su orígenes familiares y de su orden religiosa; no olvidemos que una de las primeras enseñanzas profesionales de Don Bosco, en Turín, fue la imprenta.
Recuerdo cierta ocasión en que hablamos del “letuario” (conocido como arrope en otros pueblos) con los recuerdos y vencías que le hacían regresar a su niñez taranconera.
Por encargo del Ayuntamiento de Tarancón, el día 4 de octubre de 1988 pronunció la lección inaugural del curso escolar, en el salón de actos del antiguo Instituto de Bachillerato, que él contribuyó a recrear, en ese momento habilitado como colegio de E.G.B.
Cuando en sus notas biográficas recuerdo cómo el encuentro con los salesianos que vinieron a tantear las posibilidades de establecerse en el palacio santuario de Riánsares, fue similar al del príncipe Augusto Czartoryski con San Juan Bosco, para entrar en la Congregación Salesiana, aprovecha la circunstancia para decirnos que el beato Czartoryski era oriundo de Tarancón, como nieto de Fernando Muñoz y Sánchez, primer duque de Riánsares y constructor del palacio anejo a la Ermita.
Para terminar este breve esbozo tomamos las elocuentes palabras de su hermano de religión, el padre Florentino Merino: era un hombre de fe, se hacía querer por la gente, poseía una mentalidad abierta y se identificaba plenamente como sacerdote y salesiano.

Marino Poves Jiménez de la Real Academia Conquense de Artes y Letras.

Artículo que se puede encontrar en el libro de las Fiestas Patronales de Tarancón del Año 2014